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Papin Rss

La ingeniería hedónica ¿via de acceso a la independencia emocional?

Posted on : 04-09-2010 | By : Omar | In : De todo un poco

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dependencia

David Pearce en entrevista con Ian Richardson
Eubios Journal of Asian and International Bioethics 11 (2001), 13-4

La ingeniería hedónica consiste en aplicar la biociencia para elevar los niveles de normalidad de salud mental en la población general. ¿Qué es lo que esta disciplina promete? ¿Qué problemas éticos suscita? ¿Debería uno sentir entusiasmo, curiosidad o preocupación? Las respuestas a estas preguntas nos conciernen a todos. Vía.

Pues bien, la ingeniería hedónica… ¿qué es todo este revuelo? La biotecnología nos ofrece la posibilidad de mejorar de manera segura y perdurable el estado de ánimo, la motivación, la empatía, e incluso la cognición de cualquier persona, esté o no mentalmente “enferma”. Agentes para mejorar el ánimo, (y, en el futuro, la terapia genética), podrían, en potencia, suplantar la gama actual de drogas sociales y recreativas, poniendo fin a la “crisis de las drogas” de una vez y para siempre. También nos podrían hacer más felices y más respetuosos del prójimo, resolviendo así otros problemas moralmente urgentes como el suicidio, la depresión, el crimen violento, la agresividad, etc. Es hora de crear un nuevo paradigma del papel de las drogas han de tener en una sociedad: un paradigma que expanda las opciones, defienda la libertad, y actúe compasivamente con quienes se hallan terminalmente ansiosos y afectados por el malestar.

Si estas drogas fueran tan maravillosas, ¿por qué no se están desarrollando actualmente?

Los agentes para mejorar el ánimo evocan el fantasma del “potencial de abuso”. La ortodoxia médica sigue una dura línea de minimalismo terapéutico que considera que los potentes fármacos para aliviar el dolor (incluso aquellos que no son tóxicos) son pecaminosos en todas salvo las más extremas circunstancias. Los inhibidores de reabsorción de dopamina como la amineptina, que en ciertos casos pueden combatir la depresión con mucha mayor efectividad, ya han sido prohibidos en el Reino Unido y en los Estados Unidos por esta razón. Nuestras definiciones actuales de enfermedad mental son de una antigüedad que da pena, y excluyen enormes cantidades de angustia, tristeza y dolor, que podría aliviarse sin riesgos si cayera bajo alguna categoría diagnosticable. El supuesto mismo de que los estados naturales de consciencia y las normas y medias emocionales representan el ideal es miope y científicamente ingenuo.

Una afirmación osada.

Si la psique humana se optimizase para el bienestar personal o social en lugar de la eficacia genética, la gente no continuaría formulando preguntas sobre el origen de la maldad humana. Incluso a través de anteojos color de rosa, es difícil pasar por alto la evidencia de que la volencia, el malestar emocional, el desconsideración por el otro y el sufrimiento existen todavía por doquier incluso en sociedades afluentes. Estadísticamente, la gente no dice sentirse más feliz hoy que una generación atrás, a pesar de niveles de vida generales mucho más altos. Hemos tocado los límites de nuestro aparataje emocional. Pero ¿no es mejor abstenerse de la droga que ser adicto a las drogas (incluso las “saludables”)?

La adicción es sólo un problema si la droga es tóxica o tiene algún efecto colateral indeseable, o si existe alguna posibilidad de que el suministro se interrumpa. En la actualidad, somos dependientes de muchas cosas para continuar con vida: comida, agua, oxígeno, amor, etc. Si aspiramos a gozar de niveles más altos de salud mental y social, debemos abrazar la oportunidad de trascender nuestro legado evolutivo.

Pero ¿no sirve el dolor un propósito útil, ayudando a nuestra supervivencia y contribuyendo a la riqueza emocional de la condición humana?

En general, el dolor “físico” nos es razonablemente útil. Pero el dolor emocional en grandes cantidades —como la soledad, la necesidad sexual, los celos— sólo es útil a nuestros genes. Debido al modo en que hemos evolucionado, nuestra infraestructura neuronal nos incita a concentrar nuestra energía en torno del sexo y el romance, y nos castiga despiadadamente cuando no obtenemos lo que queremos. La competitividad sexual motiva, asimismo, muchas de las conductas más desagradables. El derecho, la educación, la religión, las prohibiciones morales, y las reformas socioeconómicas graduales no han logrado que la gente viva feliz y en armonía, precisamente porque continuamos siendo manejados por imperativos genéticos que sólo benefician al vehículo que los transporta, y permanecemos vulnerables a los desencantos románticos.

La Naturaleza es una diseñadora ciega y negligente, al margen de todo lo extraordinarias que puedan ser sus creaciones: una enorme cantidad de crueldad y sufrimiento fútil es inevitable bajo cualquier régimen de selección natural. Pero el egoísmo y el dolor no tienen por qué continuar siendo los gajes del oficio de la condición humana. Como un verbalismo vacío, ‘felicidad’ puede sonar poco prometedor para mentes de principios del siglo XXI no iniciadas en las drogas; pero languideciendo sin desarrollar en nuestros laboratorios se hallan formas de sentirse bien más ricas y hermosas de lo que jamás hemos soñado. La empatía profunda, la energía creativa con el poder de transformar el mundo, las experiencias pico eufóricas y los estados sublimes de bienestar extático pueden volverse la nueva norma de salud mental.

¿No es esto un tanto perturbador y reminiscente de Un mundo feliz?

Los estereotipos como los de la droga soma en Un mundo feliz, que mantenía a sus usuarios en un estado de estupor extático, son engañosos. Los mismos ponen de manifiesto una falta de conocimiento acerca del rango de opciones disponibles en la actualidad. Las drogas no tienen por qué turbar o debilitar nuestra habilidad para sobrevivir. La psicofarmacología creativa puede incrementar la motivación y la capacidad para el pensamiento incisivo orientado a metas —algo que se halla muy lejos una de prescripción para una vida aburrida o incompetente. Asimismo, dada la correlación entre el temple depresivo y el bajo estatus social, el proyecto de eriquecer radicalmente el ánimo y la motivación del grueso de la población pondrá muy probablemente a la gente en una situación de mucha menor vulnerabilidad a la explotación por parte de una elite poderosa o, por lo demás, a quedarse estancada en un modo de vida uniforme. La felicidad, y una receptividad aumentada, pueden dar a las personas un enorme poder sobre sus vidas. La libertad de uno de elegir la composición química deseada de la propia consciencia no es otra cosa que la libertad de elegir quién o qué quiere uno ser. Cualquier tecnología que nos la proporcionase representaría una incalculable extensión de la elección.

Nuestra organización, BLTC (Viviendo mejor mediante la química [Better Living Through Chemistry]) es una agrupación informal de personas de todo el mundo que trabajan voluntariamente para promover la idea de que debemos permitirnos eliminar el sufrimiento en lugar de racionalizarlo interminablemente. El hecho de que la terapia farmacogenética evoque, inevitablemente, temibles motivaciones totalitarias es simplemente una expresión más de la propensión de la gente “normal” a buscar y el poder y abusar de él. Todo este argumento no es más siniestro que el ruego de que se debería permitir a la gente, dentro de ciertos límites democráticamente acordados, hacerse responsable de su propia infraestructura emocional, en lugar de estar condenada de por vida a vivir con las limitaciones neurales que en el pasado han conducido al género humano a tan terribles extremos.

Hablas de “públicamente subsidiado”. ¿Por qué mis impuestos deberían pagar para que otros se quemen la cabeza?

Los subsidios públicos se justifican porque la salud mental y la conducta humanas tienen “externalidades” económicas. Los beneficios de la benevolencia y los costos de la maldad tienden a recaer sobre otros —una de las principales razones por las cuales hay demasiado poco de lo primero y demasiado de lo último. La biotecnología nos permite subsidiar la conducta que más valoramos e inhibir la expresión de la que odiamos en su misma fuente emocional —por lejos la manera más poderosa y sensata de hacerlo. Los subsidios públicos podrían justificarse, además, invocando consideraciones de utilidad o de equidad: los pobres y oprimidos tienen probablemente más por ganar que los ricos y poderosos.

¿Usted no está sugiriendo que debería intervenirse en el cerebro de la gente coactivamente, no?

No. La participación en el programa debería ser completamente opcional. En la práctica, sin embargo, un programa biológico que combina metas como las de una sociedad más buena, más lista y más productiva con el atractivo de la felicidad eterna no tendría, una vez que se respondiese apropiadamente a los temores de la gente, problemas para alcanzar amplia aceptación voluntaria, y lograr así metas sociales de mayor alcance.

¿No existe la posibilidad de que esta clase de terapias inicie una especie de transición hacia un nuevo tipo de humano?

Si: la expresión no es exagerada. Sería, en los hechos, una decisión colectiva de dar comienzo a un programa de transición biológica dirigido a producir versiones más inteligentes, felices, amables, compasivas y vitales de nosotros mismos. Al menos en nuestro planeta, la decisión de una especie de asumir control preciso de su propia evolución fisiológica carece de precedentes; pero los pueblos de la Tierra han evolucionado de otras maneras en el pasado, y ahora la biotecnología nos ofrece la posibilidad de codificar la alegría, el respeto y el amor por los demás en el nivel molecular. Si somos lo suficientemente vivos, cobraremos consciencia de que ciertas creencias científicamente ingenuas están frustrando lo que es simplemente una oportunidad fantástica para mejorar nuestras vidas y las de quienes nos sucederán. No tenemos nada que perder, salvo nuestro dolor.

http://www.hedweb.com/hedethic/es.htm

8 secretos para destacar en el trabajo.

Posted on : 04-09-2010 | By : Omar | In : General

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Te gustaría evolucionar en el trabajo? Venga, a por ello, ¡la próxima promoción es para ti! No esperes a que tus jefes se fijen en ti, pon todo lo que esté en tus manos para destacar y venderte bien gracias a unos puntos clave que harán de ti “la empleada ideal”.

Pon en práctica estas 8 ideas para brillar en tu trabajo siguiendo la estrategia de A. Mennechet, consultor en gestión de carrera profesional:

Descifrar al jefe

Objetivo: Comprender el tipo de funcionamiento de tu superior para responder mejor a sus expectativas y saber qué espera de ti.

¿Cómo hacer? “Consiste en identificar el estilo del jefe y adaptarse”, explica A. Mennechet.
> Si es participativo y tiene un estilo desenfadado, puedes proponer a tus colegas una comida de trabajo mensual con él. Apreciará este tipo de iniciativa colectiva.
> Si le gusta dirigir y controlar, anticípate a sus expectativas y realiza informes sobre tu trabajo. Y por supuesto, “hay que esforzarse por ser positivo, agradable y estar de buen humor en el trabajo.”

Errores a evitar: evita el “peloteo” y querer ser “amiga” de tus superiores. Olvida poner la mano sobre el hombro del Director General o los piropos exagerados sobre su nueva corbata, además corres el riesgo de que tus colegas te den la espalda.

Hablar en reunión

Objetivo: Hacer que destaque el trabajo y las propias cualidades. Dejar a un lado el estatuto de simple espectadora y demostrar que también puedes ser “actriz”. Además es una forma de demostrar que también eres capaz de hablar en público.

¿Cómo hacer? Toma la palabra cuando tengas algo interesante que aportar, más que una opinión personal. “La idea es aportar contenido, mayor riqueza al debate”, explica Armand Mennechet. Y la mejor manera para ello es prepararse. El día anterior trabaja sobre una intervención corta y pertinente sobre el tema que se vaya a tratar en reunión: “Se puede prever por ejemplo un punto de actualidad con respecto a una ley que acaba de ser votada “, propone el consultor.

Errores a evitar: Monopolizar la reunión durante 10 minutos, preguntar por preguntar sólo para mostrar que existes. Hay que evitar opinar por todo sin saber de qué se habla, sobre todo si no te lo piden.

Cuidar la imagen ◄ ►

Objetivo: Demostrar que se presta también atención a la imagen de la empresa. Cuidar el estilo vestimentario es una prueba de respecto hacia sus colaboradores.

¿Cómo hacer? Ropa, peinado, maquillaje… “Hay que adaptar el look a los códigos de la empresa y del trabajo manteniendo siempre su propia identidad gracias a un pequeño toque personal…” ¿Trabajas en un banco? Se impone el traje chaqueta, sin embargo puedes optar por los accesorios para expresar tu personalidad: un bolso y unos zapatos a la última, una joya de fantasía original…

Errores a evitar: Llevar un traje chaqueta y taconazos en una empresa pequeña en la que todo el mundo va en vaqueros. “La forma de vestir puede constituir un filtro a la comunicación”, previene el consultor. Así que más vale no exagerar.

Organizárse

Objetivo: Demostar su profesionalismo y reactividad. Si tu organización permite que seas capaz de encontrar al instante el informe que te pide tu jefe, ganarás puntos.

¿Cómo hacer? Piensa en hacer las cosas de forma rápida y eficaz. Evita los clasificadores con anillas, demasiado complicados. “Organiza tus informes en carpetas con códigos por colores”, aconseja el consultor.
En tus e-mails, es lo mismo: crea repertorios temáticos para acceder más rápidamente al mensaje que buscas. Organiza tu mesa del despacho y ordena tus papeles una vez a la semana para mantener un espacio de trabajo agradable.

Errores a evitar: Concentrarse más en la forma que en el fondo y pasar horas organizando papeles o pegando etiquetas en las carpetas. No te pierdas en los detalles y céntrate en lo esencial: ¡es decir, el trabajo por el que te pagan!

No perder los nervios

Objetivo: Poner de manifiesto la resistencia al estrés y a la presión. Mostrar a tus jefes tus cualidades para hacer frente al estrés.

¿Cómo hacer? Cuando sientas que la presión aumenta y puede provocar un conflicto, mantén la sangre fría. El primer reflejo es salir de la estancia, ir al baño o beber un vaso de agua y respirar hondo. Deja pasar 5 minutos para relativizar y una vez que te hayas calmado vuelve al despacho para decir lo que tengas que decir. “Permite dialogar con más calma”, explica A. Mennechet.

Erorres a evitar: Censurarse y guardarse para sí lo que hay que decir. “Controlar los nervios no siguinica tener que callarse. Al contrario hay que aprender a decir las cosas manteniendo la calma.” Ser franco es esencial.

Comunicarse

Objetivo: Comunicar e informar, supone probar a tus superiores que pueden tener confianza en ti. Con la transparencia demuestras tu buena voluntad y tu sentido de la responsabilidad.

¿Cómo hacer? “Cuando estés en un atasco, llama para decir que llegarás tarde a la oficina”, recomienda el consultor. Lo mismo cuando te tengas que ir más pronto porque tienes cita en el dentista, informa a tu jefe, aunque en teoría no tengas que rendirle cuentas sobre tus horarios. “Si tienes problemas personales, habla con tu superior, agradecerá tu confianza y comprenderá tu posible bajón de eficacia pasajera.”

Errores a evitar: Los cotilleos. Tu jefe no necesita saber los problemas sentimentales de María o las vacaciones en Egipto de Carlos.

Compartir las buenas ideas

Objetivo: Valorar tu sentido de la iniciativa y tu capacidad de impulso. Muestra a tus jefes que en el trabajo piensas más de forma “colectiva” que “individual”. Además se incita a que el equipo progrese y se mejore el funcionamiento de la empresa.

¿Cómo hacer? Estar a al escucha de los compañeros de trabajo. En función de sus necesidades se puede hacer que puedan beneficiarse de la experiencia obtenida en una formación o en una anterior experiencia profesional. “Dar un contacto a un compañero que necesita un nuevo cliente, compartir métodos de trabajo”, sugiere A. Mennechet. Se puede proponer crear un planning de reparto de tareas en el cual cada uno indicará el avance de sus proyectos.

Errores a evitar: Convertirse en la “sábelotodo” del equipo. Olvida las frases de estilo: “¡Si no te organizas más no me extraña que pierdas tanto tiempo! Yo que tú lo haría así”. ¡Ir de listilla acabará agobiando a todo el mundo!

Participa en la vida de la empresa

Objetivo: Integrarse en la empresa significa que todos te conozcan. “Tu nombre llegará más fácil a las altas instancias”, comenta el consultor. Al crear relaciones, es una buena forma de enterarse de lo que pasa. Y trabajar con gente a la que se aprecia y con la que se puede compartir algo más que la conexión a Internet ¿es más agradable, no?

¿Cómo hacer? Da una vuelta a diario a la máquina de café y te tomas 5 minutos para charlar con Alicia de Marketing o con Luis del departamento de Compras. No des sistemáticamente largas a las invitaciones para tomar algo al salir de la oficina, esfuérzate por pasarte un rato, “aunque sólo sea media hora ya es suficiente”, insiste A. Mennechet.

Errores a evitar: Ser siempre la primera en proponer ir a tomar algo. “Puede estar mal visto”, previene nuestro consultor. Evitar inundar el correo electrónico de tus compañeros de mails con bromas. Es contraproductivo y no le hace gracia a todo el mundo.

Gentileza: Carmela Casapia.