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Papin Rss

Las rubias naturales no existen.

Posted on : 25-07-2010 | By : Omar | In : De todo un poco

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rubia

Etiqueta Negra

«Siempre fui rubia pero no de raíz». Con frecuencia este chiste tonto me ayudó a salir del paso ante una pregunta indiscreta motivada por un teñido no conservado que se hacía visible en una franja de cabello oscuro en lo alto de mi cabellera clara, larga y lacia. Mi rubio varía de brillo y de profundidad pero, desde hace unos años, tiene una clave técnica que suena a código de espía: L’Oréal Excellence 02, Rubio Ultra Claro Dorado. De chica ya mi madre me teñía con agua oxigenada para remedar la cabellera que ella misma había tenido en su infancia. En su imaginación el rubio debía ser entonces algo más que un artificio cosmético: un signo diametralmente opuesto al que las leyes de la herencia distribuía entre las masas peronistas del interior del país. El rubio de Evita Perón significaba otra cosa: si ella era la representante de los humildes, su abanderada, se podía ser rubio a través de ella, por delegación. Cuando enfermó de cáncer, algunas fotografías mostraban su rostro de pájaro hundido entre almohadas. Las raíces oscuras parecían volverse metáfora de su pasado de bastarda, de provinciana pobre y de amante ilegítima. Pero también la volvían sublime, puesto que medían el tiempo de su larga agonía y eran una última confesión al pueblo: «¿Ven? Soy como ustedes, una morocha».

Lo rubio, como categoría, fue en mi vida familiar un argumento según quien lo recibiera de comedia o de drama: al cumplir los veinte años, mi padre confesó que tenía otra hija, fruto de una breve relación que había vivido durante un viaje al interior del país. Paradójicamente, el único parecido que había entre nosotras era que ninguna de las dos se parecía a mi padre pero nos gustó la idea de hermandad. Entonces nos cortamos las melenas a lo paje y comenzamos a teñirnos con el mismo número de L’Oréal Excellence. Mostrábamos nuestro parentesco riéndonos de lo natural, al igual que Popeye reconoce a su padre luego de haberlo perdido, por la pipa y el tatuaje. Y me sigo riendo de lo natural: milito a favor del alcohol («Mueren antes los médicos que los borrachos», decía Bukowski), los barbitúricos (si no, no habría mito Marilyn) y la vida a oscuras en ambientes viciados (como las cuevas existencialistas). Me empecé a teñir de rubio cuando nadie parecía considerarme tonta, aunque mi hijo en ciertas ocasiones, sobre todo las de algún éxito profesional, suele decirme con sorna: «¿Todavía no se dieron cuenta de que en el fondo eres una rubia tonta?».

Un marxismo de entrecasa indica que en el Tercer Mundo la mujer que se tiñe de rubio busca remedar a la sueca liberada que fornica al aire libre, a la yanqui en monoquini y a la inglesa de aborto libre. O a las estrellas de Hollywood en donde las rubias deben fingir que lo son ya que el rubio natural suele oscurecerse con los años. En la mente de un guardia de discoteca y de un ladrón de bolsos, «lo rubio» se asocia a lo burgués: el primero permitirá la entrada, el segundo hará un arrebato.

Es hora de decirlo: la rubia natural no existe. Una mujer que, pasada la pubertad, conserva el cabello color ceniza claro o trigo maduro, seguramente tiene también pestañas de conejo y piel de leche hervida; puede que tenga los cabellos rubios pero no es una rubia. La psicoanalista Michèle Montrelay dice que cuando un hombre deja de amarnos desplaza a otra la luz de su deseo, por eso en el imaginario la otra es siempre rubia. Aclararse el cabello, entonces, es adoptar el signo iconográfico de la amante, la irregular, la despareja. Es soñar con morir en una novela negra, ser amada por King Kong o hacerse guerrillera para ponerse una peluca rubia. Es usar un color al igual que los peces de coral usan sus colores de cartel: en son de guerra, en el caso de las rubias, contra ese viejo axioma freudiano de que naturaleza es destino.

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5 cosas que a los chicos les encanta escuchar
“¡Eso es muy impresionante!” – y cuatro frases más que harán que tus palabras le lleguen al corazón. Además, te diremos algunas frases que siempre debes evitar.

Por Robert W. Harris

No me malinterpretes. En general, la mayoría de los hombres desconocen las habilidades de conversación de las mujeres, las cuales tienden a ser superiores. Aún así, ustedes las mujeres también cometen errores de vez en cuando y pierden oportunidades excepcionales para hacer comentarios que aumentarían la atención hacia ustedes. ¿Tienes curiosidad de saber si realmente conoces las frases correctas, y quieres descubrir algunas frases que debes evitar durante tus citas? A continuación encontrarás una lista de 5 frases que a los chicos les encanta escuchar y 5 frases más que jamás debes mencionar.

5 cosas que a los hombres les encanta escuchar durante una cita…

“¿Y después que sucedió?”

Como a todo ser humano, al hombre le gusta pensar que su vida es interesante. Aun cuando sabes que interrumpirlo, cambiarle el tema o demostrarle que estás un poco aburrida son errores típicos que siempre debes evitar, nunca es suficiente con sólo sentarte ahí, sonreírle y decir “sí” cada minuto. Constantemente debes hacerle comentarios como: “¡Estás bromeando! ¿Y que sucedió después?” o “Continúa…” De esta forma el sabrá que realmente estás interesada en él y que no sólo tratas de ser amable.

“Que impresionante!”

Probablemente él obtuvo una buena posición en el triatlón, lo ascendieron de puesto en su trabajo, o descubrió cómo arreglar su aire acondicionado. Lo que sea que él haya hecho, si lo está comentando en una cita, muy probablemente esté orgulloso de ello. Si alimentas su ego aplaudiendo sus esfuerzos, ¡harás que él se sienta como un rey!

“Gracias.”

Sin duda alguna, los buenos modales son muy importantes y constantemente se pierden en las citas de hoy en día. Agradécele cuando te diga que te ves muy guapa esa noche. Agradécele por pagar la cena. Agradécele por acompañarte al auto. Es un pequeño detalle que hará una gran diferencia y dará una mejor impresión de ti.

“¿Que haces fuera del trabajo?”

Aun cuando el trabajo sea su principal prioridad, el hombre siempre tiene otras cosas que valora y que lo hacen sentirse bien. ¿Hacer deporte? ¿Trabajar en su auto? ¿Tocar algún instrumento? Preguntando, poco a poco podrás descubrir sus pasiones y él sabrá que estás interesada en compartir actividades con él.

Me gustaría recibir tu opinión acerca de algo.”

Éste es el llamado de una dama que está en problemas y es la especialidad de los hombres. A los hombres nos encanta sentirnos útiles y que las mujeres busquen nuestros consejos. Aun cuando sólo sean consejos para comprar una cámara digital o sobre cómo manejar una situación engañosa con tu jefe, él estará feliz de ayudarte. Estará más interesado en eso que participando en comentarios sobre: ir de compras, el bordado, pasados amorosos, etc. ¡Ya debes saber esto!

…Y cinco cosas que los chicos odian escuchar:

“Mi ultimo novio…”

Aquí lo único que podemos decir es: ¿por qué? ¿Por qué mencionar que tu ex novio era un imbécil? ¿Para qué comentar que tú y tu ex novio son amigos? ¿Para qué hablar de tu ex relación? Para lo que sea que digas, lo único que escuchamos es: “Estoy saliendo contigo pero aun así sigo pensando mucho en otros hombres”. Aunque a los hombres les gusta competir, no querrán hacerlo en una cita y menos con hombres que no están presentes.

“¿Te molestaría si tomo esta llamada?”

Claro que nos molesta. No lo diremos, pero sí nos molesta. Al menos que sea alguna emergencia. De lo contrario, para qué involucrar a nuestros hijos o a nuestras abuelas. ¡Deja que tu contestadora haga su trabajo! Tomarte una hora libre y ponerle atención a tu cita no te matará.

“¿Así que, que opines del aborto?”

Este tipo de preguntas son conocidas entre los hombres como pruebas. Temas complicados que las mujeres usan para descubrir lo que política, moral y/o espiritualmente está a su nivel. La pena de muerte, el matrimonio gay y la guerra en Irak también suelen formar parte de estos temas. Claro, probablemente como hombres tendremos opiniones fuertes al respecto, pero no significa que estemos interesados en discutirlo contigo. Por lo menos no durante las primeras citas. ¡Es sólo una cita y no un debate! El objetivo es divertirse y guardar los temas fuertes para después.

“Y después encontré este par hermoso de sandalias…”

Garantizado, tú y tus amigas podrán pasar horas deleitándose con sus compras de zapatos, hablando sobre sus nuevos estilos de pelo, etc. ¡Pero en ese momento no estás saliendo con tus amigas! Estás con un chico, ¿recuerdas? De igual forma, él no debe enfocarse en comentarios sobre la bolsa financiera, sus equipos de futbol favoritos, etc. Ambos háganse el favor y dejen estos comentarios a un lado.

“¿Te gustaría formar una familia?”

Si haces esta pregunta durante las primeras citas, la mayoría de los hombres asumiría que tu reloj biológico va demasiado rápido, y eso definitivamente no es algo bueno. No es que no queramos tener familia, la mayoría de nosotros queremos, pero obviamente preferimos conocer bien a nuestra pareja antes de siquiera pensar en ello. Necesitamos saber si te agradamos en diferentes aspectos y no pensar que sólo somos buenos para hacer bebés. De lo contrario, ¿en dónde esta el amor?

Robert Harris es el autor de 101 cosas que no debes hacer antes de

morir.

Gentileza:Carmela Casapia.

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