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Hay gente que es excepcional. Que tiene “dones” que así lo determinan.
Como la palabra lo dice, ser excepcional los saca de la regla. Es algo que suena bien pero trae aparejado problemas también excepcionales.
La mayoría de las personas desarrollan su vida dentro de una “ruta”. Un dique que la limita y “contiene”. La contiene tanto emocional como afectivamente.
La vida común con sus vicisitudes, limitaciones, estructura, genera logros y problemas comunes.
La vida de la gente excepcional tiene también logros y problemas, pero que escapan de las soluciones tradicionales.
Es como si aquella “ruta” por donde circulan casi todos, funcionara también como “dique” de contención, que contiene y controla.
En los seres excepcionales ese “dique” tiene una fisura hecha por el “don” por donde el mismo se filtra…
Ese mismo dique que “contiene” a la mayoría, para el excepcional se va desgastando hasta que finalmente se rompe…
Este tema surgió en base a una conversación que tuve con un amigo acerca de la muerte de Michael Jackson, donde él sostenía que el astro no había podido superar los dolores de su vida, tal vez de su infancia, y lo ejemplificaba con el hecho de que ni siquiera había podido aceptar el color de su piel.
Yo en cambio no coincidía con esa postura. Para mí si Michael Jackson hubiera sido blanco, tal vez se hubiera hecho negro. Digo, el problema que para mí tiene la gente con dones ó dotes excepcionales como él, es que han probado, experimentado en su vida lo que es ir “más allá” de donde la mayoría llega.
De haberse salido de la ruta por donde casi todos circulan, de haber fisurado el dique de contención, de haberse quedado sin contención.
La mayoría de las cosas que contiene a las personas, les da sentido y tranquilidad a sus vidas, a estos seres excepcionales ya no les sirve.
Pretenden extender su don, su genialidad, su excepcionalidad a toda su vida y quedan absolutamente sólos, algo para lo que que ni la sociedad ni los médicos ni las drogas tienen tratamiento.
Aquellos que tienen algún don ó dote excepcional, se comportan como perro que cazó un pollo, quedan “cebados de excepcionalidad”, se salen de la ruta por donde circula la mayoría, rompen el dique que los contiene y hacen un camino único, excepcional, solitario, incontenible… Se quedan sin contención, se quedan expuestos a los aspectos más duros de la vida.
Ser excepcional muestra un sentido de la vida maravilloso, pero rompe también con todos los manuales que la mayoría de los mortales utilizan como guía, como sentido, como dique, como ruta para el camino de una vida común, ordinaria.
Una vida “ordinaria” que el excepcional ya no puede, no sabe ni quiere vivir…




