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Tengo SIDA y soy feliz”
Hombres y mujeres latinoamericanos afectados por el VIH/SIDA expresan su estado de ánimo y sus esperanzas. Cuando se les diagnosticó el virus, a algunos hace 15 años, sintieron que la tierra se abría a sus pies. Pero todos salieron adelante y hoy sonríen, han vuelto a sonreír. Esto es lo que piensan estos héroes anónimos, muchos de ellos activistas.
“Recobré la esperanza”
María Julia Fernández, 48, cubana, activista a favor de la prevención del SIDA
-”A 15 años de mi diagnóstico, estoy segura de dos cosas: no me voy a morir mañana y tengo todo el derecho a ser feliz. Mi virus progresa lentamente y tengo novio. Me pasó algo muy bonito. El sabía mi condición pero no le importó, y yo nunca pondré en peligro su vida. Ahora dedico casi todo mi tiempo a la prevención, doy consultas, viajo por el país contando mi historia, entregando condones. En octubre pasado asistí en representación de Cuba a la Conferencia de la ONU sobre VIH/SIDA en el Caribe, en Trinidad y Tobago.
Pero las cosas no siempre fueron así. Era el año 1986 y la poquita información que tenía era catastrófica. No entendía por qué me sucedía a mí. Como parte del programa cubano de salud, mi esposo (ya difunto) y yo fuimos internados en un sanatorio. Lo más difícil fue separarme de mi hijo de 9 años, dejar mi casa, mi trabajo, la familia. Entramos un día al sanatorio y en nuestra mentalidad estaba que saldríamos en un ataúd. Pero, ¡recobré la esperanza! Ahora creo que el mayor reto para Cuba es que la gente entienda el riesgo. Cualquier cosa que hagamos para prevenir el sida es aún muy poco”.
“Un potencial inimaginable”
Guillermo Murillo, 38, líder comunal en Alajuela, Costa Rica.
Ex presidente de la primera asociación de costarricenses con VIH.
-”Asumí públicamente que tenía SIDA en 1995, cuando comenzaron los síntomas. Y me di cuenta de que la sociedad no es tan cerrada como se piensa, pues recibí un gran apoyo de mi familia, mis amigos y mi barrio.
En lugar de marginación y exclusión desde la sociedad, creo que los miedos y temores propios hacen que uno se automargine. El diagnóstico del SIDA era una sentencia segura de muerte física, pero hoy no lo es tanto, gracias a los nuevos medicamentos. Sin embargo, para muchos el SIDA sigue siendo una sentencia de muerte social. En América Central, creo que hace falta que las personalidades públicas -políticos, artistas y deportistas-se involucren más en el combate contra el SIDA y que se opere un cambio social para evitar la discriminación y el contagio.
Para evitar la discriminación, la sociedad debe asumir que nadie tiene VIH. Y para evitar el contagio la sociedad debe asumir que todos tienen VIH. En mi caso personal, estoy encantado de haber descubierto que un ser humano tiene un potencial de lucha inimaginable”.
“Volví a sonreír”
Hugo Estrada, 48, mexicano, coordinador del Frente Nacional de Personas Afectadas por el VIH/SIDA en México.
- “1996 fue para mí un parte-aguas. Todo mi esfuerzo había estado enfocado hasta entonces a la realización de un “proyecto de vida”, en torno a mi vocación profesional. Pero ese año recibí el diagnóstico de VIH positivo. Era un pronóstico de muerte inminente. Mi proyecto de vida se derrumbó. Pensé: jamás volveré siquiera a sonreír.

