Posted on : 16-10-2009 | By : Omar | In : Psicologicemos
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La angustia.
La angustia y la preocupación son gemelas inseparables. Hay cosas peores, pero la angustia y la preocupación son unos problemas que acechan a gran numero de personas. Entre la angustia y el miedo existe una estrecha relación.
La angustia es el sentimiento que experimentamos cuando sin motivo nos preocupamos en exceso por la posibilidad de que en el futuro nos ocurra algo temido sobre lo que no tenemos control y que, en caso de que sucediera consideraríamos “terrible” o haría que nos consideráramos personas totalmente inútiles. También se puede definir la angustia como un sentimiento de amenaza cuya causa es por el momento desconocida pero que puede aparecer en el momento en que menos lo esperamos y revelar a todos sin excepción que somos unos incompetentes o personas totalmente ridículas.
La angustia que experimentamos no siempre es producto de los pensamientos de autodesprecio ante la posibilidad de algún fallo o debilidad personal que pudiera hacerse público. Una segunda forma de angustia proviene de una manera de pensar común a muchas personas, de hecho, a la mayoría, y que recibe el nombre de “baja tolerancia a la frustración”, o BTF. La idea básica que sustenta dicha BTF es: “La vida debería ser fácil y transcurrir por donde quiero sin demasiados problemas y molestias; y si no es así, es horrible y no puedo soportarlo.” Si acepta esta idea, se encontrará cogido en la “trampa de la comodidad”. Algunas variaciones típicas son: “debo sentirme bien”, “No debo sentirme angustiado”, “Debo ser frío, mantener la calma y el sosiego”. Con estas ideas, y dado que lo más probable es que nos empecemos a sentir mal en el mismo momento en que nos entreguemos a este tipo de pensamientos, lo normal será que suframos un ataque de angustia. Se puede llegar a sentir angustia por miedo a sentir angustia.
Posted on : 16-10-2009 | By : Omar | In : Psicologicemos
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PRUDENCIA. (De latín prudentia.) f. Una de las cuatro virtudes cardinales, que consiste en discernir y distinguir lo que es bueno o malo, para seguirlo o huir de ello. 2. Templanza, cautela, moderación. 3. Sensatez, buen juicio.
PRUDENTE. (Del latín prudens, -entis). adj. Que tiene prudencia y actúa con moderación y cautel
Tomado de Diccionario de la Lengua Española.
Real Academia Española.
La Prudencia
La prudencia es la virtud que nos impide comportarnos de manera ciega e irreflexiva en las múltiples situaciones que debemos sortear en la vida. Una persona prudente se caracteriza por su cautela al actuar, la cual es resultado del alto valor que le da a su propia vida, a la de los demás y en general a todas las cosas que vale la pena proteger. Es así como nunca se atrevería a poner en riesgo su bienestar o el de sus seres queridos, lo mismo que su salud, su seguridad o su estabilidad. Ser prudentes significa ser precavidos, es decir, tener conciencia de los múltiples peligros, inconvenientes e imprevistos de todas clases que nos acechan por doquier, y anticiparse a ellos sin alarma ni pánico, guiados tan solo por un sano y legítimo instinto de conservación.
Las personas prudentes se reconocen también porque saben cuándo hablar y cuándo callar, y cuándo actuar o abstenerse de actuar. Tal sentido de la moderación y el equilibrio es uno de los legados más valiosos que heredamos de los filósofos antiguos, para quienes la prudencia era la más auténtica expresión de la sabiduría natural de la vida.
Para ser prudentes…
- Evitemos tomar al pie de la letra todo lo que leemos o lo que oímos.
- Tratemos siempre de pensar antes de actuar.
- Seamos discretos. Tomemos como regla el no hablar más de la cuenta en ninguna circunstancia.