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INTRODUCCIÓN
Una enfermedad mental grave, como la esquizofrenia, tiene muchas caras y puede ser analizada desde diferentes ángulos. En las líneas que siguen vamos a acercarnos al enfermo esquizofrénico en la situación concreta de quien vive habitualmente con una familia, que es la suya, que le atiende y le cuida. Lo haremos desde una doble perspectiva: la de los problemas que origina a los familiares la convivencia con un enfermo esquizofrénico, y el momento en el que vive y se expresa la familia hoy: un momento caracterizado por los cambios profundos.
La tarea no es fácil porque las dificultades para centrar el tema son grandes. No hay una familia tipo, sino muchos tipos de familias, diferenciadas por su cultura, su posición social, su capacidad de afrontar los problemas y de tomar las decisiones necesarias; familias con distintos grados de cohesión entre sus miembros, y un largo etcétera.
Además no es igual la situación de una familia que se encuentra con un hijo recién nacido al que diagnostican una enfermedad mental grave, que otras que descubren que sus hijos adolescentes o jóvenes, que hasta ese momento se habían distinguido por ser personas esforzadas y exigentes, se vienen abajo en un momento determinado al emerger en sus vidas un brote esquizofrénico. O cuando una pareja que lleva varios años de convivencia se da cuenta que uno de sus miembros padece una enfermedad mental grave. O la familia que debe afrontar en los abuelos una enfermedad mental degenerativa, u otras situaciones similares.
Independientemente de la dificultad de tratar el tema de la familia, podemos afirmar, de entrada, que la familia es hoy un valor fundamental; el lugar donde se residencian las redes fundamentales de integración e interacción social; la base del porvenir; de las relaciones de reciprocidad, de libertad, de ternura, de apoyo mutuo, de refuerzo en situaciones de desamparo; de base de lanzamiento para recuperar lo que la vida nos quita o nos oculta, como son los momentos de orfandad, de soledad profunda, de dolor por sentirnos enfermos o desvalidos.
Por todos se subraya la necesidad de los modelos masculinos y femeninos en la configuración de la personalidad y en todas las edades: de niños a adultos. La familia es un microcosmos donde germinan las relaciones más enriquecedoras y saludables.
La importancia de la familia viene también marcada por el hecho de que todas las uniones que nacen alrededor de una pareja reclaman para sí el nombre de familia; desde la familia tradicional, a la que llamaremos nueva, las monoparentales, las parejas de hecho, las de homosexuales, y otros. Hasta en las residencias que atienden a ancianos o enfermos, a los que sus propias familias, no pueden darles el cuidado que se merecen, se reivindica el “trato familiar” como un santo y seña de su labor. El modelo familiar aparece como auténtico prototipo de las buenas relaciones personales y sociales.
En contra de lo que desde una visión superficial podría pensarse, los sucesivos estudios del institucional “Centro de Investigaciones Sociológicas”, (CIS), vienen a reforzar cuanto acabamos de señalar. Véanse las tablas 1 y 2 tomadas del libro de la profesora Inés Alberdi: La nueva familia española.
Tabla 1. Grado de importancia atribiudo a diferentes aspectos de la vida (Escala 1-10)
Año
1987 1992
La familia 9,17 9,37
El trabajo 8,92 7,95
El bienestar económico 8,35 7,78
Los amigos 7,80 7,68
Mantenerse en forma 6,64 6,95
La religión 6,11 5,69
La política 4,61 3,20
Fuentes:
CIS, estudio 1.698, encuesta de 1987.
CIS, estudio 2.001, encuesta de 1992.
Tabla2. Opinión acerca del valor que los españoles darán a la familia en 5 ó 6 años 1986-1996 (Porcentajes de las respuestas)
Año 1986 1988 1993 1994 1996
Más 30 28 34 40 42,4
Igual 39 39 38 39,2 36,4
Menos 20 19 16 12,8 13,8
NS/NC 11 14 ‘ 12 8 7,4
Fuentes:Estudios CIS 1.564,-1.783,-2.045,-2.045,-2.128,-2.205
PROBLEMAS PLANTEADOS
¿Qué le ocurre a una familia cuando se encuentra entre sus miembros con un enfermo esquizofrénico? Aumenta el nivel de estrés. La familia percibe claramente que lo que le ocurre rebasa y sobrepasa los recursos de respuesta a las dificultades que conocía y utilizaba hasta ese momento. Siente que se pone en peligro su bienestar. Y el estrés consiguientemente repercute en todos: enfermos y sanos.
Crea situaciones de hundimiento, de baja satisfacción y autoestima en la pareja y hasta conductas desviadas en otros miembros de la familia. La enfermedad mental produce siempre problemas de adaptación en la familia. Las demandas generadas por la incertidumbre, el desasosiego que trae consigo la convivencia con el enfermo esquizofrénico son muchas y dolorosas. Y el paciente no es el culpable de estas consecuencias.
La convivencia familiar con el enfermo esquizofrénico no produce siempre estos efectos con la misma gravedad y de idéntica forma. Una misma enfermedad mental puede ser para una familia intolerable y más o menos llevadera para otras, dependiendo de los recursos materiales, sociales y de los entrenamientos que posean para afrontar contingencias nuevas, y sobre todo, de cómo se perciba subjetivamente el hecho de la enfermedad. En ocasiones, la familia se queda tan “desnortada”, que todo lo ve negro y no siente intelectual, afectiva o emocionalmente momentos gratificantes en su vida. De puertas afuera, su casa se verá aislada, despreciada, relegada, con una ruptura de su estatus anterior. De puertas adentro, se resquebraja el equilibrio personal de sus miembros y el nivel de relaciones entre ellos se deteriora.
Estas situaciones negativas se viven a lo largo de toda la vida, desde que la familia descubre que entre sus miembros hay un enfermo esquizofrénico. Pero estos hechos no se viven estáticamente, siempre de la misma manera. Hay momentos mejores y peores. He aquí algunos: – cuando la familia cae en la cuenta de que su bebé es un enfermo mental grave.
- cuando la escuela les dice que no lo puede asumir o atender por más tiempo.
- cuando el enfermo esquizofrénico crea serios problemas de convivencia. La esquizofrenia aparece generalmente en la adolescencia-juventud en los hombres y más tardíamente en las mujeres, cuando, a veces, llevan varios años de casadas y hay hijos por medio.
- cuando los padres se descubren impotentes, sin recursos ni entrenamientos para afrontar la situación nueva, que aparece sin avisar. – cuando hay que internar temporalmente al enfermo.
- cuando la sociedad lo rechaza, lo estigmatiza y le bautiza como loco o peligroso.
Éstos y otros son escalones que bajan hacia sótanos más oscuros y degradados. Y la sociedad no valora a los enfermos mentales como tales enfermos. Aparece un cáncer y es un toque a rebato, una movilización de amigos y familiares que te prestan comprensión y simpatía y se ofrecen a ayudar en lo que puedan. A un enfermo mental a lo sumo se le compadece, se le deja solo, o se le vuelve la cabeza.









