Featured Posts

Tienen contadores vigilando cada centavo Cártel S.A., la forma de operar de las bandas narco mexicanas En medio de la violencia y el caos que generan en el país, los cárteles son capaces de administrar negocios...

Readmore

Toma la decisión de ser un voluntario... Voluntarios es la persona que, por eleccion propia, dedica una parte de su tiempo a la acción solidaria, altruista, sin recibir remuneracion, por esto” Proponemos a...

Readmore

Nuevos usos de las nuevas tecnologias. Universidad usa el iPhone en instrumento musical Estudiantes de Michigan tocan instrumentos en sus smartphones. Según el profesor, "es una plataforma muy buena para...

Readmore

Competencias de un emprendedor. Independientemente de la idea que esté en su mente, debe saber que para emprender un negocio y mantenerlo con éxito es necesario desarrollar una serie de habilidades personales,...

Readmore

GFIVE K300 ¡Pronto en tus manos!. GFIVE K300 es la nueva manera de usar un celular, práctico, versátil, DOBLE CHIP, radio, televisión móvil, lo puedes utilizar como cámara web y te los llevas a sólo...

Readmore

Papin Rss

El rincon de gatita golosa terminando de compartir de”Neron el despreciable”

Posted on : 18-09-2009 | By : gatita | In : Rincón de la gatita golosa

0

   

  Durante un año de ausencia de Roma, Nerón pudo dar rienda suelta a sus grandes aficiones que, desde su juventud, le tentaban. Sin embargo, en una oportunidad el oráculo de Delfos le advirtió que, en una fecha determinada, su vida corría peligro y le invitaba a que se cuidara. La predicción provocó el retorno inmediato a Roma desatando nuevamente todo tipo de temores. Antes, en otra consulta al oráculo de Apolo de la misma ciudad, interpretó la profecía del mismo —«que se guardara de los 73 años»— como una garantía de que hasta esa edad no moría. No obstante, se trajo de Grecia un nuevo espectáculo inventado por él: las Justas Neronianas, una mezcla lúdica de canto, baile, música, poesía, gimnastas, caballos y oratoria. En realidad se trataba de una especie de espectáculo total que el Emperador instituyó para que se celebrara cada lustro. Él, más espectador que partícipe, sin embargo se reservaba el canto, del que estaba convencido de ser un gran intérprete. Durante sus actuaciones llegó a reclutar a 5.000 plebeyos a los que instruía en la forma de aplaudirle (en tres intensidades), mientras prohibía terminantemente que nadie abandonara sus localidades, de tal forma que allí se produjeron partos, muertes e imprudentes imprecaciones y maldiciones contra el Emperador. En general, el costado artístico del Emperador llamaba la atención del pueblo, ya que sus antecesores habían carecido de igual sensibilidad artística. Sin embargo, tal sensibilidad en otro orden de cosas brilló por su ausencia. Respecto a esta cuestión, violó a una sacerdotisa llamada Rubria, dando cuenta de que sus prácticas religiosas eran bastante magras y el respeto por las mismas, mínimo. También solía recubrirse con una piel de animal con la cual destrozaba los genitales de hombres y mujeres –previamente atados a postes– en un acto depravado, luego descargaba su libido con su liberto, Dióforo. En esta relación el Emperador tenía un rol femenino, hasta incluso, una vez celebrada la boda, y vestido para la ocasión, en su primer noche de bodas (donde hubo hasta testigos) se presenciaron los gritos y gemidos que reproducía el propio emperador, aludiendo a la condición de “recién casada”. Ahora bien, como se expresaba al comienzo de este apartado, Nerón sería considerado por los historiadores cristianos como aquel precursor de las persecuciones a los seguidores de las enseñanzas de Jesús de Nazaret. Sin la insistencia de la literatura y el santoral cristianos, que estimularon la leyenda de la maldad del Emperador con los primeros seguidores de Pedro y Pablo, puede que Nerón fuese uno más de los emperadores. No obstante, fue un hecho innegable el que, bajo el reinado de Nerón, se inició una persecución de la que los historiadores romanos llamarán secta maléfica, por la que murieron muchos de aquellos esclavos.

 —a veces cristiano y esclavo eran una misma cosa— al ser utilizados como cobayas sobre los que la cómplice del Emperador, la envenenadora Locusta, probaba los nuevos venenos que preparaba continuamente bajo la supervisión, y el entusiasmo, del Emperador. Además, durante su gobierno que se produjo el incendio de Roma en el año 64. Este incendio fue el más conocido de la Historia y puede que el más falsamente narrado, pues parece que el pretendido pirómano no sólo no quiso incendiar la urbe sino que, una vez destruida, se puso a la tarea de levantarla otra vez, pero más monumental y extraordinaria. Comenzó el 18 de julio del año 64, Nerón disfrutaba de su retiro veraniego de Anzio. Durante la noche, el Emperador fue despertado por un correo que le comunicaba el hecho fortuito, Roma ardía tras el inicio de las llamas en las cercanías del circo Máximo. Preocupado por la extensión de las llamas, montó su caballo inmediatamente, y galopó los más de 40 kilómetros que le separaban de Roma hasta avistar el resplandor de la gran hoguera que devoraba la capital del Imperio. Incluso, pensó en la posibilidad de que el fuego llegara a su mansión del Palatino, y consumiera sus amadas obras de arte encerradas en la residencia imperial. Desde un mirador estratégico apreció la gravedad de la catástrofe: más de 500 metros de llamas que se extendían y avanzaban sobre aquella ciudad de más de un millón y cuarto de habitantes. El incendio duró cinco días, y destruyó 132 villas privadas y cuatro mil casas de vecinos. No se pudo probar el origen ni la realidad del ornamento de la pretendida oda (lira en mano) a la ruina de Roma por parte del Emperador. Tácito dudaba de esta acusación, aunque Suetonio la dio por válida (según este historiador, el recital poético declamado en tan insólita ocasión tenía un título: La toma de Troya), será siglos después cuando los padres de la Iglesia achaquen al Emperador un incendio que, a su vez, Nerón había cargado en la cuenta de los entonces subversivos adoradores de Jesús. El emperador llevó a cabo una política tendiente a contrarrestar los daños ocasionados por la catástofre. En este sentido, mandaría levantar muchas barracas para alojar a los damnificados por las llamas e, incluso, en un primer momento abrió las puertas y jardines de sus palacios para acoger a los que lo habían perdido todo. Además, importó rápidamente provisiones y abarató por un tiempo las existencias. Pretendía reconstruir totalmente la ciudad eliminando la madera en el levantamiento de las nuevas casas y apostando, por el contrario, por la piedra. Sin embargo, empezó la reconstrucción por sus propias estancias, pues aprovechando los solares nacidos del desastre, empezó la construcción de su nuevo palacio llamado Domus Aurea, un despilfarro de columnas marmóreas, jardines lujosos, hermosas fuentes y atractivos lagos artificiales. Nerón en poco tiempo se vio asediado por los rumores y las criticas severas a su gobierno: sumado a ello, historiadores benevolentes como Tácito, Suetonio o lion (que vivieron después y nunca llegaron a conocerle), pertenecían a otros reinados (con emperadores de otras dinastías diferentes a la de los Claudios). Entonces llamó a la única mujer que, corno él, vagaba por las estancias palaciegas, la envenenadora Locusta, a la que le suplicó que le preparara una fuerte tintura biliosa que guardó en una cajita dorada. Cada vez más enloquecido, pensó en huir a Egipto, donde creyó que no le encontrarían los soldados del general Galba. El sublevado y nuevo gobernante de facto había advertido que no quería ser nombrado con el título de Emperador —tan desprestigiado como estaba—, conformándose—dijo— con ser el general del pueblo romano. Pronto llegaría el final. Ante el hecho de que no tenia a nadie a quien comunicarle sus planes de huida, decide comentárselo a su criado Faonte, quien le propone que se esconda en su casa, en una gruta ubicada en la quinta de aquel humilde liberto. Nerón accede acompañado de algunos incondicionales, aunque al llegar a un campo, intenta suicidarse con un puñal sin éxito. Ante el fracaso del suicidio, Nerón llamó en su ayuda a su secretario y escudero, Epafrodito, para que impulsara su brazo con la fuerza capaz de producirle la muerte, orden que fue cumplida al instante. Antes de expirar, el Emperador aún tuvo humor para afirmar: «iQué gran artista pierde el mundo!» para, inmediatamente, concluir con esta pregunta: «Les ésta nuestra felicidad?». Los ojos brillantes del cadáver de Nerón, aun aterrorizaban a los que le rodeaban. Su cuerpo fue envuelto en un manto blanco recamado en oro. Los gastos del sepelio lo pagaron sus dos nodrizas, Egloga y Alejandria, y su humilde ex amante (puede que fuese a la única que amó), la corintia Actea. Con el permiso de Galba, la humilde y dulce Actea, tuvo acceso al ilustre muerto. Así, lo desnudó, lo lavó y lo envolvió en aquel manto blanco bordado en oro que Nerón llevaba puesto. Trasladado el cadáver a Roma, ordenó hacerle unos discretos funerales. Después, llevó los restos hasta el monumento a Domiciano, en la colina de los Jardines, lugar elegido por Nerón para la construcción de una tumba de pórfido y mármoles. Luego de prepararlo en su camino a la eternidad, permaneció una jornada completa estática y muda ante la tumba. Al caer la noche, descendió de la colina y, sin volver la cabeza, continuó su camino hacia el valle Egeria. Se estima que los anhelos de inmortalidad a través del tiempo, tuvieron dos ejemplos: su deseo de llamar al mes de abril Neroniano, y su idea de darle a Roma un nuevo nombre que la proyectara sobre los tiempos futuros: Nerópolis. Al morir, cumplía 32 años de edad y 14 de reinado, tanto contemporáneos y futuros historiadores se ensañarían con su reinado. Sin embargo, el pueblo romano se negaba a aceptar la desaparición de Nerón, esperando su regreso. Esta situación un tanto extraña no se repitió con sus predecesores. Se rumoreaba que en realidad había desembarcado en Ostia y, después, había emprendido viaje a Siria. Desde allí, decían, Nerón volvería a recuperar su trono y a gobernar el Imperio. Estos rumores no perdieron vigencia dentro de las creencias del pueblo romano. Al contrario, con el paso del tiempo se fortalecieron. Así, quince años después de su muerte manos anónimas seguían adornando la tumba de Nerón, mientras otros recitaban ante el mausoleo imperial proclamas y versos del extinto. Incluso pasadas dos décadas, un hombre que aseguraba ser el César se pudo ver en la zona de Partos, siendo acogido por los naturales como el auténtico Nerón, y poniéndose a sus órdenes. En fin, la vida de Nerón también se vería recreada en las producciones cinematográficas: en 1906, se realiza la primer película alusiva, titulada “Nerón quemando Roma”, otro film de origen italiano fue “Nerón y Agripina” , finalmente Alessandro Blasetti en 1930 plasmaria la vida del emperador en “Nerón”. En todos ellos el papel del Emperador fue un regalo para los actores. Pero donde esto se evidenciaría extraordinariamente, hasta el punto de identificar a un actor con su personaje, fue en la película norteamericana Quo Vadis (Mervyn Le Roy), en una buscada sobreactuación a cargo del actor Peter Ustinov, que desde ese momento (1951) será «Nerón», y no el señor Ustinov.Ya regresa sus gatita golosa.

Write a comment