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Aspectos generales de las vacunas.
El término inmunidad proviene del latino immunitas, que significa exención o privilegio, pero el concepto seguramente es muy antiguo. Tucídides, durante la peste que asoló Atenas, ya había comprobado cómo las personas que habían pasado la enfermedad quedaban protegidas, siendo por ello muy útiles para atender a los enfermos. La palabra vacuna, luego derivada a vacunación, fue propuesta por el propio Pasteur como recuerdo de haberse realizado las primeras investigaciones en vacas enfermas de viruela. Precisamente fue la palabra de raíz latina la que persistió históricamente.
CLASIFICACION Y TIPOS DE VACUNAS
Las actuales vacunas se denominan y clasifican en base a las características de los componentes incluidos en ellas. Prácticamente todas las vacunas modernas están fabricadas a partir de microorganismos patógenos para el hombre, siguiendo la idea de Pasteur, mientras que la primitiva idea de Jenner de utilizar patógenos derivados de animales no prosperó históricamente.
Vacunas de organismos vivos. Salvo unos pocos ensayos, con tuberculosis o con Leishmania, la clásica vacuna de Jenner ha sido la única que estaba compuesta de microorganismos naturales no modificados, ya que en la gran mayoría de las vacunas modernas los microorganismos están de una u otra forma modificados. Se llaman vacunas atenuadas las compuestas por microorganismos vivos que han sido mutados artificialmente para que pierdan la virulencia pero aún conservan su inmunogenicidad. Históricamente, los procesos de atenuación se comenzaron a hacer de forma totalmente empírica, y ahora ya se sabe que ocasionaban, o seleccionaban, modificaciones en los genes del microorganismo anulando su capacidad patógena. A este proceso, que estaba muy poco controlado, algunos autores se refirieron como “ruleta genética”. Desgraciadamente, las mutaciones genéticas no siempre son totalmente estables y se conocen formas, polio tipo 2 y 3, que revirtieron a formas patógenas y causaron epidemias. Siempre puede existir el riesgo de que este proceso tenga lugar en virus vacunales circulantes, ya que uno de los principales motivos de alarma o atención es que los virus vacunales pueden circular por el entorno y ser contagiosos.
Con las mutaciones empíricas unas veces se anula totalmente la patogenicidad del virus, pero en otras, como en la mencionada vacuna de la poliomielitis, sólo se atenúa y esto significa que esa vacuna no puede ser administrada a ninguna persona que esté bajo la sospecha de inmunodeficiencia. Los avances de la genética moderna están permitiendo controlar las mutaciones víricas o bacterianas y con ello la producción de vacunas más seguras.
Una de las principales ventajas de las vacunas atenuadas es su alta inmunogenicidad, por lo que habitualmente no precisan añadir adyuvantes, la administración de una única dosis suele ser suficiente y mantienen una inmunidad muy duradera. En ocasiones se incluyen dosis de recuerdo en el calendario vacunal, pero el motivo de ello no es reactivar la respuesta inmunitaria, como en las vacunas con organismos muertos, sino disminuir al máximo los riesgos de fallo en la primera dosis, sea técnico, inmunológico o por cualquier motivo desconocido.
Vacunas muertas o inactivadas. Este tipo de vacunas ha sido ampliamente desarrollado, dando pie a muy diferentes estrategias. Así, pueden contener microorganismos enteros, toxinas modificadas o partículas moleculares. En general provocan una inmunidad menos intensa y duradera que las vacunas con organismos vivos, necesitando con frecuencia añadir un adyuvante y administrar varias dosis de primoinfección y luego recuerdos repetidos. La principal ventaja radica en su seguridad y no presentan riesgo de contagio a convivientes, ni toda la problemática que conlleva la circulación de los virus atenuados
Las vacunas con toxinas inactivadas, tétanos y difteria, son quizás las que conllevan la metodología menos sofisticada de todas y, por el contrario, es posible que sean de las más eficaces. Además se pueden utilizar como carriers (portadores) de componentes menos inmunógenos. Por cierto, en estos sistemas debe tenerse muy presente que aunque ocurra una respuesta colateral frente al toxoide tetánico nunca es suficiente y no disculpa de usar las pertinentes vacunaciones antitetánicas.
Los componentes capsulares de los microorganismos son muy interesantes en relación a las vacunas porque son los primeros componentes contra los que se produce la respuesta inmunitaria, primero natural y posteriormente adaptativa. El principal inconveniente es su pobre capacidad antigénica debida a estar compuestos mayoritariamente por hidratos de carbono.
Las vacunas sistemáticas. Son las que se administran a toda la población porque además de la protección individual que proporcionan ofrecen una protección de grupo que afecta a personas no vacunadas. En el calendario vacunal es una excepción la vacuna antitetánica, que sólo ejerce protección individual. Las vacunas no sistemáticas se administran por prescripción individual ante una situación particular de riesgo o ante un brote epidémico local.
La amplia cobertura vacunal y el cumplimiento estricto de los calendarios ha sido la base para la consecución de llamativos descensos en la morbilidad y mortalidad de infecciones anteriormente muy frecuentes en la edad infantil. Situaciones como las recogidas en Estados Unidos por el CDC han sido vividas en cualquier país desarrollado
PRIMOVACUNACIONES Y VACUNAS SECUNDARIAS
Cuando una vacuna se administra por primera vez se denomina vacunación primaria o primovacunación. En esta situación, el tipo de respuesta del organismo tiene ciertas peculiaridades relacionadas con la inmadurez inmunitaria, que se corrigen al repetir las inmunizaciones. En las primovacunaciones, la respuesta tarda en producirse y es de escasa intensidad, lo que obliga generalmente a asociar algún tipo de adyuvante y a utilizar elevadas dosis de antígeno. También el tipo de anticuerpos es característicamente de isotipo IgM, aunque a lo largo de la respuesta podrán ir apareciendo también de isotipo IgG.
Al repetir las vacunaciones, la respuesta alcanza mayor intensidad y es mucho más rápida, pudiendo aparecer ya en las primeras 24 horas. Por eso es innecesario administrar gammaglobulina antitetánica a una persona previamente vacunada, siendo suficiente revacunar. A medida que se repiten las vacunaciones, los anticuerpos van mejorando progresivamente su afinidad por el anticuerpo, o sea, se unen con más intensidad. Sin embargo, esta mejoría de las vacunas secundarias sólo tiene lugar cuando los antígenos son proteicos, pero no con los polisacáridos. Finalmente, con determinadas vacunas y cuando no hay reactivaciones naturales, es aconsejable hacer vacunaciones de recuerdo (booster) para volver a activar los linfocitos memoria específicos
En el caso de vacunas con organismos vivos se produce una situación distinta, puesto que éstos persisten en el organismo, incluso pueden reproducirse, y con ello hay una inmunización mantenida que pasa progresivamente de vacunación primaria a secundaria. En este tipo de vacunas, cuando se hacen administraciones secundarias no es para producir recuerdos inmunitarios, sino para asegurarse de que el microorganismo persiste y no ha sido rechazado.
INFLUENCIA DE LAS VACUNAS SOBRE EL SISTEMA INMUNITARIO
Siempre ha existido una cierta preocupación sobre los efectos, quizás perjudiciales, que la multiplicación de las vacunaciones pudieran ejercer sobre un sistema inmunitario inmaduro, como es el del niño lactante. Sin embargo, esta preocupación no parece tener justificación.
Mecanismo de acción. Las vacunas confieren protección al organismo mediante diferentes acciones inmunitarias y en cada enfermedad se ha tenido que organizar una diferente estrategia, según cuál fuera el mecanismo patogénico o la disponibilidad técnica para desarrollar la vacuna
En la poliomielitis oral se potencia una respuesta de la inmunidad de las mucosas mediada por IgA secretora, algo que ahora se intenta repetir también con vacunas gripales nasales. Esta respuesta precisa que los microorganismos administrados estén vivos.
La mayoría de las vacunas están basadas en la producción de elevadas tasas de anticuerpos séricos, preferentemente de clase IgG, que neutralizan las toxinas u otros componentes bacterianos. Este sistema también funciona en ciertos virus, como el de la hepatitis B, que sintetizan proteínas antigénicas situadas en su envoltura. En otras infecciones, los anticuerpos séricos, que pueden ser IgG pero también IgM, facilitan la opsonización y con ello la fagocitosis de bacterias, como el Haemophilus influenzae tipo b o la activación del complemento.













