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Palabras de Bienvenida
Iquitos, 31 de Octubre de 2008
Toda obra sea cual fuera su género comienza por una inspiración. Es decir, ese espíritu de creación, de creatividad, de pasión que vive el ser humano dentro de sí, que muchas veces aparece como una fuerza interior que le lleva a verbalizar y concretizar lo que siente, desean o sueñan.
En nuestro caso, nuestro colegio, no ha sido ajeno a esta experiencia. Nuestro colegio ha sido fruto de una inspiración, de un sueño de un ideal que se hizo realidad en el transcurso del tiempo, gracias a la iniciativa misionera de P. David Araujo Salgado, sacerdote agustino, quien en 1956, preocupado por la educación que se impartía en esta zona de Belén, decide iniciar una escuela mixta y gratuita para los niños y niñas de Belén de recursos económicos bajos. Es así como nace la “Escuela Nuestra Señora del Rosario de Fátima” cuyas instalaciones formaban parte del local de la parroquia de Fátima.
En 1958, el P. David que conocía la labor educativa de las Religiosas Siervas de San José en la comunidad de Tamshiyacu, les pide hacerse cargo del pequeño colegio primario bajo la dirección de la Rvda. Madre Teófila Acosta.
A partir de ese momento, estas hermanas religiosas, que muchas de entre ustedes conocieron, han dedicado su vida por la educación de sus queridas y recordadas alumnas por un espacio de 38 años.
Existen muchas historietas, anécdotas, recuerdos significativos que forman parte de nuestra historia fatimeña y de la cual ustedes son las protagonistas.
Algunas de ellas, las hemos recogido en la Revista Histórica que vamos a publicar en ocasión de las Bodas de Oro.
La obra de Dios es siempre un misterio. Nuestro Señor siempre nos guarda sorpresas inimaginables en nuestra vida. Después de la salida de nuestras hermanas Siervas de San José, el Señor no ha abandonado la obra iniciada, sino que ha permanecido fiel y la ha sostenido con la presencia de profesores laicos a cargo de la dirección del plantel, en la persona del Prof. Luis Alberto Flores Sifuentes y la Prof. Yoli Peña Lebre.
Lo que un día fue una inspiración ha hido tomando cuerpo y ha perdurado, a pesar de los avatares de la vida… Unos han labrado la tierra, otras han sembrado y cuidado las semillas, y hoy día, otras tienen la misión de saber cosechar en el momento adecuado. La vida es así.
Por designo de Dios, prefiero yo llamarlo de ese modo, en 1994, las Hermanas Ursulinas aceptan el mismo reto de formar jóvenes cristianas, autónomas capaces de tomar en sus manos el destino de sus vidas.
Como siempre, M. Rita Leclerc, ursulina canadiense, antigua misionera, caracterizada por su gran disponibilidad y servicio, acepta regresar al Perú para hacerse cargo de la dirección del colegio, por un tiempo.
Quizá esta parte de la historia, forma parte de otra etapa a la cual la familia fatimeña estaba llamada a asumirla y dejarse conducir.
En estos últimos diez años, el colegio parroquial “Nuestra Señora de Fátima” estuvo dirigida por la M. Gabrielle Lavoie, que estoy segura que todos aquí la conocen. Una religiosa con mucha visión de futuro que ha llevado al colegio a grandes cambios como respuesta a este mundo acelerado y globalizado. Ella ha sabido conjugar su pedagogía y su capacidad de gestión en educación. |
Como verán, nuestro colegio ha estado siempre dirigido por personas precisas para ese momento de la historia. Este dato no es fruto del azar, es una confirmación de la Presencia Divina en la historia de nuestra institución educativa.
Nuestro colegio se ha caracterizado siempre por su devoción y amor a la Santísima Virgen, nuestra madre celestial. Siempre me es grato ver a nuestras niñas ir a la capilla, cerrar los ojos y dirigir una oración a nuestra madre.
Quizá sea la mejor herencia que han recibido en su formación fatimeña, no solo los conocimientos, sino los valores adquiridos que perduran para siempre, pero sobretodo el amor filial a la santísima virgen. Un valor que ha perdurado a pesar del tiempo y que se mantiene fiel y firmemente impregnado en el corazón y la mente de toda ex alumna del colegio de “Nuestra Señora de Fátima”.
Personalmente, veo cómo Dios ha sido gentil conmigo al llamarme en un momento decisivo en su historia, de nuestra historia institucional. Solo El sabe por qué hace las cosas.
De manera especial, le deseo a cada una de ustedes ex alumnas, ese valor de fidelidad y agradecimiento a su institución. Es el mejor reconocimiento que ustedes pueden hacerle en sus 50 años. Y es la mejor forma de expresar la gratitud a las personas que han hecho de ustedes mujeres con valores cristianos, profesionales con ética y madres con autoridad y servicio.
Que la santísima virgen les bendiga a cada uno de ustedes y les proteja ahí donde están llamadas a labrar la tierra, quizá a sembrar o tal vez, ya, a cosechar.
Hna. Carmela Vasquez, Osu
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