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SALUD MENTAL E INTERCULTURALIDAD
A propósito del Día Mundial de la Salud Mental 2007
“La Salud Mental en un Mundo Cambiante: El Impacto de la Cultura y la Diversidad”
Dr. Enrique Macher Ostolaza
Director General
Instituto Nacional de Salud Mental
“Honorio Delgado – Hideyo Noguchi”
I. LA SITUACIÓN CULTURAL DEL PERÚ
II. LA PROPUESTA ÉTICO-POLÍTICA DE LA INTERCULTURALIDAD
III. LA SALUD INTERCULTURAL
IV. PERÚ: LA RESOLUCIÓN MINISTERIAL DEL 17 DE AGOSTO 2006
INTRODUCCIÓN:
Salud ¿derecho o mercancía del mercado?
La salud es un derecho de todos y un deber del Estado. El Perú se encuentra en una situación muy difícil, inequitativa, entre lo público y lo privado, con una infraestructura deficiente en el sector público y con recursos humanos, no solo mal pagados, sino con esa disparidad de sistemas contractuales. Se tiene que proporcionar más recursos hacia el sector público hasta poder ofrecer a los ciudadanos la opción entre el sector público y el sector privado.
La salud mental no puede más no ser considerada parte consustancial del concepto de salud, aunque aún es muchas veces vista como un sector aparte. Es, entre otras definiciones: la condición de tener capacidad y oportunidad de desarrollar nuestras potencialidades, a pesar de los obstáculos, para llevarnos bien con nosotros mismos, para llevarnos bien con los demás y para ser capaces de resolver los problemas cotidianos de la mejor manera. La Psiquiatría, como parte de la Medicina, no puede estar fuera del concepto de salud mental.
I. LA SITUACIÓN CULTURAL DEL PERÚ
En estos tiempos de globalización, la cuestión de la identidad cultural está en el centro de los debates. Afianzar las raíces propias, las referencias y las pertenencias es un fenómeno que surge al compás de la globalización. Integrar igualdad y diferencia y afirmar como riqueza la pluralidad cultural es condición indispensable para la práctica social de hoy.
El Perú y otros países latinoamericanos son pluriculturales y multilingües. Sólo algunas de las lenguas nativas como el Quechua y Aymara en los Andes; Guaraní en Paraguay; Mapuche en Chile; y la existencia de unos 65 grupos étnicos en la amazonia agrupados en 12 familia lingüísticas sólo en nuestro territorio. En el Perú, de acuerdo con el I Censo de Comunidades Indígenas, existen 8´793,295 de personas que pertenecen a pueblos indígenas. Los pueblos indígenas, o pueblos originarios, están organizados como comunidades campesinas en la sierra y como comunidades en la amazonía que hablan un idioma distinto del castellano y encuentran graves situaciones que les impide ejercer los derechos humanos más elementales, como el de la salud. Salud, educación, justicia, etc. Las instituciones públicas y servicios públicos que debe prestar el Estado peruano no les llegan aún cuando: “El Estado respeta la identidad cultural de las comunidades campesinas y nativas”, sus lenguas originales son parte de tal identidad. En el proceso de “occidentalización” se rechaza las diferencias, las cuales excluyen o encubren a favor de las nuevas.
Otra razón es la instauración de los Estados-nacionales. En la época moderna el fenómeno que más ha influido en las transformaciones de las identidades colectivas de los pueblos ha sido la construcción de los estados nacionales. El estado nacional clásico crea, reproduce e impone a sus ciudadanos un modelo de nación que excluye y rechaza otros modelos culturales distintos al suyo. Para lograr esta homogeneización cultural el estado nacional moderno (desde el siglo XIX hasta la actualidad) ha echado mano de múltiples mecanismos para marginar, subordinar, asimilar o integrar a los grupos heteroculturales, desde prácticas de genocidio, depuraciones étnicas, o rígidos sistemas jerárquicos como el apartheid, hasta políticas etnocidas llevadas a cabo a veces en nombre de las mejores intenciones y conocidas alternativamente como progreso, desarrollo, misión civilizadora, etc. Pero los Estados-nacionales se sienten amenazados desde fuera y desde dentro. La pluriculturalidad socava su identidad desde dentro, al contrario de la globalización, que lo hace desde el exterior, con estructuras socioeconómicas sistémicas de dimensión planetaria y con su revolución tecnológica que hace posible la desregulación de los mercados financieros hasta la reorganización de los procesos productivos y comerciales a nivel mundial y, el desarrollo de relaciones virtuales que cruzan el planeta.
Aún después de la independencia de los Estados Americanos, la población indígena ha quedado marginada y excluida casi en su totalidad de la vida política, económica, social y cultural de las nuevas naciones. A pesar de estar cerca del bicentenario de la independencia, los pueblos indígenas, que viven en el espacio rural, sin excepción, son aún la población más afectada por la pobreza extrema.
A los Pueblos Indígenas se les considera como “extraños” en sus propios países, “congelados” en una tradicionalidad ubicada “fuera” del tiempo y al margen de nuestros países: ciudadanos de segunda clase. En los países desarrollados se discrimina y excluye a los inmigrantes que vienen de fuera; en el continente americano se hace lo mismo con los que viven “dentro”. Sin tener en cuenta de que estas culturas pueden constituir una fuente de energía vital para construir el país desde las bases y podrían actuar en favor de la diversidad y reconocimiento de la diferencia ante la homogeneización de formas y estilos. Se trataría de convertir nuestra heterogeneidad cultural en activo social. Los pueblos indígenas no pueden seguir siendo los “otros” lejanos y extraños, sino parte de un “nosotros plural”.
Las amplias gamas de comunidades culturales y tradiciones locales que tienen nuestros países no tienen por qué ser obligadas a dejar de ser “sí” mismas, en su Yo colectio, a deshacerse en función de la cultura dominante que se mueve por los intereses del mercado.
El gran problema de la Modernidad frente a las tradiciones de los pueblos originarios es que no reconoce la alteridad como valiosa ya que para la óptica de la modernidad ilustrada progreso equivale a modernización, modernización a occidentalización y la occidentalización exige el desarraigo cultural, traicionando aquí, así, sus primigenios ideales, lo que no quiere decir que hay que rechazar el proceso modernizador, sino que hay que retomar sus ideales para convertirlos en realidad. Una vez más, sin embargo, la diversidad cultural ha logrado sobrevivir a pesar de los esfuerzos de las culturas dominantes por construir unidades monolíticas y afirmar identidades, comportamientos, percepciones, creencias y sensibilidades uniformes.
En la actualidad se enfoca la cuestión de la “identidad cultural” de individuos y pueblos como libertad fundamental y derecho inalienable. En tiempos de “choque de civilizaciones” se hace énfasis en la pluriculturalidad y multilingüísmo como fenómenos societarios vinculados al pleno goce de todos los derechos humanos.
En el Perú, la desventaja en que se encuentran unas culturas y otras es una injusticia que el Estado debe afrontar porque tiene plena responsabilidad ante las culturas del país; ellas son una parte central de la vida de los ciudadanos y del capital del país. Es decisivo para el nivel político el que las personas e instituciones perciban o no cómo las influencias culturales determinan también las lógicas de acción a escala política y económica, ecosistema natural. Por ello, es necesario irse familiarizando con la necesidad de un Estado Plural, que es aquél que está hecho con una matriz polivalente culturalmente hablando. Esta identidad intercultural le dará flexibilidad y fluidez porque el Estado ya no estará asentado en una sola cultura. Para ello, el Estado fomentará la interculturalidad, inspirará sus políticas e integrará sus instituciones según los principios de equidad de género e igualdad de las culturas. La interculturalidad no solamente dentro del discurso y del espacio subalterno de los pueblos indígenas, sino al nivel nacional, generando políticas interculturales. De esta forma el Estado no seguirá con la práctica colonial que ha relegado y subalternizado a culturas y pueblos, y que la interculturalidad, como paradigma, proyecto y política puede ayudar a superar.
La realidad de los pueblos indígenas, pueblos originarios, requiere un debate público que lleve a reestructurar su situación marcada por una historia de genocidios, servidumbre, discriminaciones. En el país, se han silenciado las diversas expresiones culturales con formas variadas de violencia, desde el desprecio racista hasta la intolerancia y la ironía mordaz. La Interculturalidad y el humanismo que constituyen el dialógico cultural, es un discurso de resistencia activa; el desarrollo nacional precisa la transformación de las relaciones entre cultura y poder. Si el conocimiento y la cultura son la base de la economía contemporánea, ¿se darán en nuestro país importancia y políticas públicas acordes a los conocimientos más avanzados y a todas las culturas?
La historia es lo que producimos y construimos nosotros mismos, sobre todo cuando es desde del “reverso de la historia” -que es desde el lugar donde se debe ver la historia de los pueblos indígenas- nos advierte las catástrofes que se avecinarán, o que de hecho ya se ciernen sobre nosotros, si conducimos nuestra vida pública como intelectuales indiferentes a las inquietudes y al sufrimiento de algunas minorías abandonadas. La crítica complementa el autoconocimiento, y consigue que se logre la capacidad humana genuina y exclusiva de la especie: la capacidad para la autocrítica. ¿Son nuestros intelectuales autocríticos en lo que dicen y escriben? ¿Lo somos nosotros como intelectuales de la salud, aunque sea desde nuestra fraccionada perspectiva de la salud mental?
PROPUESTA ÉTICO-POLÍTICA DE LA INTERCULTURALIDAD
Desde las dinámicas más internas del país hemos producido una cultura monologal, urbana y centralista que excluye a las demás. A pesar de las nuevas tecnologías de información somos una sociedad incomunicada. La estructura de subordinación cultural impide la posibilidad de reconocernos en un mismo país, de diferentes culturas; el problema del Perú es más cultural que económico, y estamos atrapados por una carga histórica que no nos deja avanzar y de la que nos tenemos que librar. Esa carga histórica es la madre de las discriminaciones en todas sus formas y estas son las que impiden una sociedad de iguales necesaria para el funcionamiento de una economía de mercado o de cualquier tipo.
En un país pluricultural y multilingüe, como el nuestro, la educación y la salud deben ser interculturales o no son educación, ni salud. La situación de la discriminación sociocultural debe revertirse si se quiere un país verdaderamente viable, donde todos los ciudadanos sean de primera clase. Es necesario el enfoque de la “ciudadanía intercultural”, que es aquella que añade a los derechos ya ganados de libertad e igualdad, los derechos culturales. De esta manera el desarrollo el país debe ser un desarrollo con identidad cultural.
Es necesario distinguir entre crecimiento y desarrollo. Aunque la diferencia parece clara a nivel teórico, cuando llega el momento de la aplicación suele haber problemas de confusión de ambos. Crecer, significa aumento de tamaño mediante la asimilación o acumulación de materiales; por el contrario, “desarrollarse”, significa expandir o utilizar la capacidad potencial para alcanzar un estado más completo, mayor y mejor. Por lo tanto, la creciente complejidad y heterogeneidad de la sociedad actual, requiere la ampliación de espacios de diálogo y deliberación sobre las identidades colectivas y al mayor interés de abordarla desde el Estado a través de políticas públicas.
El enfoque intercultural alude a dos aspectos: la interculturalidad descriptiva que es aquella que menciona cómo están las relaciones interculturales en un territorio determinado. Allí se puede dar mestizajes, hibrideces(¿), etc. Es como una línea base para transitar a la interculturalidad positiva, como propuesta ético-política.
La interculturalidad descriptiva se aplica para realizar un análisis de cómo las relaciones sociales, políticas y económicas están cruzadas por las relaciones culturales. Si se realiza este tipo de análisis, se visualiza y explica mejor por qué la mayoría de pobres están en las zonas rurales y son de procedencia indígena, porque las zonas rurales tienen menor presupuesto para su desarrollo, por qué la gran mayoría de víctimas del conflicto armado que vivió el país tenían como lengua materna el quechua, el asháninka y otros idiomas maternos, por qué después de casi de dos siglos de ser un país independiente, recién algunos pocos indígenas están ocupados cargos en los gobiernos y Congreso de la República. Aplicando la interculturalidad con fines descriptivos obtenemos un diagnóstico de la situación social, política y económica de la realidad pero con una comprensión más profunda y completa porque se incluye la dimensión cultural.
Adquirido el diagnóstico de las condiciones sociales, desde el enfoque intercultural descriptivo, se pueden hacer propuestas, normas (acuerdos, políticas, ordenanzas) de convivencia socioeconómica y política que cambien las condiciones que generan discriminación, marginación y exclusión.
La estrategia para cambiar estas condiciones injustas es ampliar el sentido de democracia y el de ciudadanía. Es decir, se necesita construir democracia inclusiva y participativa y, una ciudadanía que acoja los derechos culturales. Es necesaria la conciencia de que acceder a lo público es potestad de todos los ciudadanos y, por tanto, todos tenemos derecho a participar en la toma de decisiones de los asuntos públicos. De este modo se fortalecen el Estado, la sociedad civil y el mundo de la empresa.
Entonces, se trata de proponer alternativas, normas y políticas con contenido cultura o las llamadas “políticas interculturales” en todos los sectores (salud, educación, justicia…), que favorezcan los beneficios de la toma de decisiones.
Por ello, se requiere que las políticas reconozcan la pluralidad del Estado, reorganicen el poder en el ámbito local, regional y nacional a partir de una ética fundamentada en la justicia, solidaridad y bien común.
Los derechos humanos son procesos dinámicos que permiten la consolidación y garantía de espacios de lucha por la dignidad humana, participar y contar en la construcción de la hegemonía.
La tesis de una ética que incluya la interculturalidad hará decrecer la distancia entre los excluidos y los incluidos. Una ética así asume la reflexión y la acción de los conflictos desde los propios contextos culturales. La globalización propugna valores homogéneos en vez de valores transculturales. Pero la internacionalización de la economía no ha eliminado las diferencias étnicas y nacionales a pesar de los pronósticos de los economistas de las más diversas tendencias. Por el contrario, la internacionalización resultó siendo el más vigoroso refuerzo de las cuestiones étnicas y nacionales. La pluralidad cultural empieza a ser un componente de nuestro marco de referencia perceptivo y representativo e, incluso, ayuda a entenderla como parte de nuestro horizonte normativo y axiológico.
El tema de la interculturalidad tiene que ver con el poder. Existe una lucha social sobre la producción de significados que forma parte del uso y de la conceptualización en un país. Existen construcciones y subversiones de ciertos términos que se elaboran a partir de quienes ocupan posiciones dominantes que tienen sus raíces en la colonialidad del poder.
III. LA SALUD INTERCULTURAL
La salud y la cultura se implican mutuamente, los conceptos de salud y de enfermedad nos remiten a la cultura y la cultura nos remite a los conceptos de salud y enfermedad. Por lo tanto, lo que se percibe como salud y enfermedad, sus causas, tratamiento y prevención y quién las trata, están determinados por cada cultura específica. Las condiciones de insalubridad de los pueblos indígenas merman sus condiciones de vida y salud.
En el contexto intercultural en el que se vive es importante preguntarse qué se entiende por equidad de culturas indígenas u originarias del país. Desde una perspectiva intercultural parece no ser posible separar el concepto de equidad y desarrollo. Los tres se complementan y se sinergizan, por lo tanto, la salud intercultural debería favorecer un proceso de revalorización y revitalización de las culturas médicas indígenas (modelo relacional y holístico).
La salud intercultural parte del reconocimiento de la convivencia de varios sistemas de la salud. Parte de un doble derecho; el derecho a mantener y cultivar las prácticas tradicionales de los pueblos indígenas y, el derecho establecido en la Constitución Política, de que la salud no es una mercancía sino el derechos de todos y todas las peruanas, independientemente de su origen étnico, raza, ubicación geográfica, etc. Contar con espacios para el intercambio y enriquecimiento mutuo de valores y conocimientos sobre la salud, contribuye al avance y al desarrollo de un modelo de salud intercultural a nivel nacional.
Se hace necesario superar las relaciones asimétricas entre los sistemas de salud. Durante la conquista y colonización interna y externa, la medicina tradicional fue acusada y excluida de la vida pública, por lo tanto su práctica ha sido clandestina y no se ha utilizado en los espacios formales y públicos. Esto ha causado un grave proceso de estancamiento; su renovación ha sido parcial y por lo tanto no ha tenido el mismo desarrollo de la medicina académica occidental. La medicina tradicional indígena ha quedado dispersa y aislada en las comunidades, en el ámbito doméstico e informal.
Al abordar el tema de la interculturalidad, la primera diferenciación que debe hacerse es entre multiculturalismo e interculturalidad.
El multiculturalismo reivindica el derecho a la diferencia. Donde la palabra clave es respeto. Sin embargo, el derecho a la diferencia y el respeto tienen aspectos que merecen ser analizados más detenidamente. Por una parte, la reivindicación de la diferencia puede hacer que los colectivos culturales se mantengan relativamente separados. Múltiples culturas pueden coexistir dentro de un espacio, sea local, regional, nacional o internacional, sin que tengan relación entre ellas. En este caso no habría verdadera interacción y podría darse un ejercicio de poder de unos sobre otros. Por otra parte, se puede aducir que para que ese respeto sea efectivo se pide que no sea meramente formal, sino que haya igualdad de oportunidades sociales para dichos colectivos.
La interculturalidad supone ir más allá de reconocer la existencia de diferentes culturas y busca el intercambio y reciprocidad en la relación mutua así como la solidaridad entre los diferentes modos de entender la vida. La interculturalidad no se refiere a un pueblo o grupo en particular sino que involucra a toda la sociedad, puesto que fomenta una auténtica comunicación, conocimiento y comprensión entre todos los sectores que componen la sociedad.
3.1 Enfoque de Interculturalidad en Salud
Hay varias maneras de observar cómo se enfoca el tema. Uno es el enfoque que se deriva de la aplicación de las políticas de integración, asimilación o indigenista. Prestigia un sistema de salud dominante. El concepto que se maneja a nivel oficial, aunque se plantea que es integral, es la que privilegia el paradigma biomédico y discrimina el sistema de salud indígena. Es el enfoque que reconoce la diversidad étnica, cultural y lingüística como elementos folklóricos interesante, pero no les respeta porque organiza los servicios de salud y programas sin incorporar aspectos elementales como el idioma, los horarios en los servicios y otros. No hay equidad en la distribución de los recursos. Se concentra en áreas geográficas donde viven menos pueblos indígenas y le asigna mayores recursos económicos a aspectos curativos. La información con que cuenta no visibiliza los problemas de salud de los indígenas y no incluye los síndromes de filiación cultural.
Lamentablemente, este enfoque paternalista no reconoce los conocimientos sobre salud de los pueblos indígenas ni los agentes tradicionales de salud, ni a las autoridades territoriales y comunitarias. El médico, enfermera, trabajador de salud es el “experto” el que sabe y las comunidades solo reciben conocimientos y “recetas” externas que no pueden adquirir.
El segundo enfoque parte del reconocimiento del pluriculturalidad que afirma el derecho a la diferencia cultural y el valor intrínseco de cada cultura desde la visión que ella tiene de sí misma. En este enfoque se otorga mayor grado de importancia a los aspectos didácticos, lingüísticos o folklóricos sin profundizar en aspectos de participación y poder real. La forma de participación que promueve se reduce a consultas sin previa información y en base a metodologías diseñadas por actores externos. También promueven los trabajos comunitarios en proyectos diseñados fuera de las comunidades, pero bajo la modalidad de mano de obra (brigadas, líderes o promotores de salud que aunque sean personas indígenas practican la salud occidental).
En la capacitación y formación de recursos humanos, el contacto con las otras culturas se reduce a la traducción de materiales, sin mediarlos ni pedagógica ni culturalmente. En este enfoque culturalista no interesan los procesos pedagógicos, ni la cosmovisión de los pueblos y comunidades involucradas.
En el enfoque de convivencia se parte del hecho de que es imprescindible el conocimiento del otro para que se pueda reconocerlo como ser diferente, porque el desconocimiento produce temor. La convivencia no es simplemente mera coexistencia. La convivencia implica cierto interés por el “distinto”, y puede significar la incorporación de las culturas ajenas al acervo cultural propio. Este enfoque plantea, que el sistema educativo de salud intercultural debe preparar a los educandos indígenas, para desempeñarse adecuadamente tanto en su sociedad de origen como en la sociedad global. Si se da este enfoque sin establecer claramente las relaciones de poder del pueblo indígena, o comunidad étnica involucrada, se corre el riesgo de solo promover la integración a partir del conocimiento mutuo sin avanzar hacia una relación más equitativa de poder.
Otro enfoque es el del empoderamiento o autonómico, que parte de que la salud intercultural se deriva del ejercicio de los derechos sustantivos que tienen los pueblos indígenas y comunidades étnicas. Se enmarca, por lo tanto, en los derechos humanos de libre determinación, territorio, participación efectiva en los espacios de decisión locales, regionales y nacionales, y el reconocimiento, ejercicio y protección legal de sus conocimientos y saberes colectivos tradicionales. En este enfoque se privilegia el rescate y revaloración de las culturas de los pueblo y comunidades involucradas, el afianzamiento de la identidad colectiva y la participación plena en las decisiones desde la organización hasta la implementación, evaluación y seguimiento de los sistemas de salud.
Para hacer efectiva la aplicación del enfoque de empoderamiento en programas y servicios de salud interculturales, de acuerdo a planteamiento de los pueblos indígenas, deben basarse en el ejercicio de la libre determinación indígena, expresado a través del respeto y promoción de la autogestión; en el establecimiento de procedimientos de participación en las decisiones (consentimiento, información, decisiones tomadas por consenso, etc); en el reconocimiento a la tecnología y el conocimiento indígenas; la incorporación de normas tradicionales de salud y convenios que aseguren los derechos de conocimiento intelectual colectivo.
Para que la salud sea realmente intercultural estos principios deben reflejarse en las leyes y políticas nacionales que incorporen las reformas necesarias para la convivencia respetuosa pluricultural y multilingüe. Deben estar basados en la legislación internacional sobre derechos indígenas vigentes y en discusión. Los pueblos indígenas han planteado que esos principios contribuirían a sentar las bases para una alianza pluricultural, la cooperación internacional, ONGs, sector privado, instituciones formadoras de recursos humanos y de investigación.
3.2 Importancia del enfoque intercultural en la salud
En el enfoque del empoderamiento o autonómico, los pueblos indígenas y comunidades étnicas pueden innovar planes y programas de acuerdo a su propia identidad. La organización de los servicios de salud bajo el enfoque intercultural, permite que la cosmovisión de los pueblos y comunidades involucrados, en lugar de constituir una barrera, se constituyan en el espacio idóneo para reducir las contradicciones entre lo que hacen en sus comunidades y lo que encuentran en las unidades de salud (hospitales, puestos y centros de salud).
En este sentido cada trabajador o trabajadora de la salud occidental debe desarrollar una capacidad permanente de aprender. La organización de los servicios de salud deben, por lo tanto, no tratar de atender a un paciente pasivamente sino interactuar con ellos, lo que les permite a todos descubrir constantemente nuevas cosas. La relación entre la ciencia académica con los conocimientos y saberes locales, propicia la formación de actitudes que favorecen la relación entre distintos sistemas de entendimiento, manejo y valoración de la realidad.
Con la salud intercultural los pueblos indígenas y sus comunidades pasan a ser sujetos que participan en la construcción de su propio modelo de salud. La discusión de un modelo de salud intercultural abre las posibilidades para comenzar a construir redes interétnicas basadas en el respeto a esa diversidad étnica y cultural.
Para la implantación de un modelo como el señalado, la descentralización de la salud es la opción por excelencia. Se trata de que los mismos pueblos y comunidades asuman mayor cuota de responsabilidad en la conducción de su propia salud. Les permite innovar planes y programas de acuerdo a su propia realidad.
CONCLUSIONES
La salud intercultural se constituye en una herramienta para avanzar hacia la equidad en salud. Para su aplicación efectiva debe contarse con algunos requisitos básicos entre los cuales el reconocimiento de la identidad colectiva de los pueblos indígenas y comunidades étnicas es el principal. A partir de ese reconocimiento se desprende el hecho de aceptar la existencia de sistemas de salud propios con todos sus componentes: mecanismos de promoción y prevención de la salud, junto a prácticas para la curación y rehabilitación.
Los sistemas de salud de los pueblos indígenas se asemejan a la salud académica occidental en tanto cuentan con terapeutas socialmente reconocidos e instituciones que las identifican. Se diferencian en cuanto el enfoque integral u holístico que aplican para el desarrollo de toda su práctica a diferencia del sistema occidental que tiene un enfoque sectorial y reducido. Ambos mantienen entre sí una relación muy estrecha y también con el sistema de salud doméstico. Aceptar, sin embargo, esta relación estrecha entre sistemas no ha sido fácil, incidiendo ello en la organización parcial y reducida de los servicios de salud pública en contextos pluriculturales que son cada vez más frecuentes.
El avance nacional e internacional teórico y práctico de los derechos de los pueblos indígenas abre las posibilidades de reorganizar los servicios de salud de forma pertinente y adecuada siempre que se haga de forma realmente participativa y orientada hacia el empoderamiento de los mismos pueblos indígenas y enmarcados en sus propios planes de autogobierno y desarrollo integral.
La equidad en salud se alcanza en la medida en que los propios pueblos afectados se constituyen en actores relevantes para la definición e implementación de las acciones pertinentes. La salud intercultural se construye en la medida en que cada sistema cuenta con capacidad para practicarse, desarrollarse y revitalizarse. Se construye en la medida en que el derecho a la salud se practica respetando el principio de universalidad.
No será, no es, una empresa fácil y sin complicaciones. La condición humana pide que unos nos creamos inferiores o superiores a otros y, en verdad, el contexto socio-político llamado Democracia, no tiene todas las herramientas que se requieren y sus limitaciones hacen el camino aún más tortuoso o, por lo menos, más largo, sobre todo en una democracia en la que el Estado sea engorrosamente burocrático. Sin contar con que el asunto deja de ser “local”, para convertirse en “global”.
ANEXO
IV. PERÚ: LA RESOLUCIÓN MINISTERIAL DEL 17 DE AGOSTO 2006 (editada)
La Resolución Ministerial del 17 de agosto 2006. “Visto el Expediente No. 06-059960, que contiene el Oficio No. 413-2006-DGPS-MINSA de la Dirección General de Promoción de la salud”.
Entre sus Considerandos, dice el Segundo: “Que, Mediante Resolución Ministerial No. 111-2002 111-2005/MINSA, se aprobaron los “Lineamientos de Política de Promoción de la salud”, que contiene los enfoques transervales de “equidad de género”, “equidad de salud” e “interculturalidad”, con el propósito de generar igualdad de oportunidad para mujeres y hombres con el propósito y lograr un mejor acceso a los recursos sanitarios y el respeto de las diferencia culturales”.
El tercero lee así: “Que, dentro de este contexto se ha elaborado el Documento Técnico “Enfoque de Derechos Humanos, Equidad de género e interculturalidad en Salud – Marco Conceptual, el cual consiga los aspectos técnicos, planes y políticas como elementos claves para la toma de decisiones, la planificación y el monitoreo de la intervenciones del sector.
Con la visación del Viceministro de Salud; y, de De conformidad con lo dispuesto en el literal 1) del artículo 8º de la Ley No. 27657 – Ministerio de Salud:
SE RESUELVE:
Artículo 1º. – Aprobar el Documento Técnico: “Enfoque de Derechos Humanos, Equidad de Género e Interculturalidad – Marco Conceptual”, que en documento adjunto forma parte integrante de la presente Resolución.
Artículo 2º.- La Dirección General de la Promoción de la Salud, a través de la Unidad Técnica Funcional de Derechos Humanos, Equidad de Género e Iterculturalidad en Salud se encargará de la difusión e implementación del mencionado Documento Técnico.
Artículo 3º.- Las Unidades Orgánicas, Órganos Desconcentrados, Organismos públicos Descentralizados, Direcciones de Salud, Direcciones Regionales de Salud a nivel nacional y demás establecimientos de salud del Ministerio de Salud, aplicarán dicho Documento Técnico en las políticas, planes, programas y actividades que desarrollen en el ámbito de sus respectivas jurisdicciones.
Artículo 4º.- La Oficina General de Comunicaciones publicará el referido Documento Técnico en el portal de Internet del Ministerio de Salud.
Regístrese, comuníquese y publíquese
FIRMA de Carlos VALLEJOS SOLOGUREN
Ministro de Salud
http://www.minsa.gob.pe/INSMHDHN/salud_mental_interculturalidad_3.htm


¿Estaremos locos y no lo sabemos?