Hay emociones que además de no reportar beneficio alguno suponen una carga considerable por sus perniciosos efectos. Un claro ejemplo de ello lo encontramos en la preocupación y en la culpa, dos emociones sumamente dañinas, tanto en sus manifestaciones psicológicas como en la pérdida de tiempo que cuestan para la persona que las experimenta, ya que son completamente inútiles y carecen de utilidad alguna.De acuerdo con Wayne W. Dyer (Tus zonas erróneas, 2003), “si tú crees que sentirte malo preocuparte lo suficiente cambiará un hecho pasado o futuro, quiere decir que resides en otro planeta con un diferente sistema de realidad“.La preocupación y la culpa nos mantienen anclados en el futuro o en el pasado e impiden que nos centremos en el presente que, en realidad, es lo único que tenemos.La preocupación hace que la persona se mantenga mentalmente orientada al futuro, a lo que está por venir, en una situación de incertidumbre constante, que a veces llega hasta la obsesión. Por mucho que nos preocupemos por lo que va a pasar no vamos a conseguir modificar el futuro y, además, las cosas al final suelen suceder de forma distinta a como las hemos imaginado.Lo único que produce la preocupación es alterar el presente y hacer que lo vivamos con angustia por lo que puede suceder. Anticipamos mentalmente el futuro y si lo percibimos negativo experimentamos ansiedad. Es decir, nos angustiamos por lo que todavía no ha ocurrido. Si puedes modificar el futuro ¿por qué te preocupas? Y si no lo puedes modificar ¿por qué te preocupas?El siguiente relato, Muerte en Teherán (Franld, 1993), ejemplifica lo dicho:En cierta ocasión, un persa rico y poderoso paseaba por el jardín con uno de sus criados, compungido este porque acababa de encontrarse con la Muerte, quien le había amenazado. Suplicaba a su amo para que le diera el caballo más veloz y así poder apresurarse y llegar a Teherán aquella misma tarde. El amo accedió y el sirviente se alejó al galope. Al regresar a su casa el amo también se encontró con la Muerte y le preguntó:
-¿Por qué has asustado y aterrorizado a mi criado?
- Yo no le he amenazado, solo mostré mi sorpresa al verle aquí
cuando en mis planes estaba encontrarle esta noche en Teherán -contestó la Muerte.Deseamos que las cosas salgan bien y nos preocupamos pensando que puede no ser así, que hay, posibilidades de que ocurra lo que no nos gustaría. Preocuparse implica aceptar la posibilidad de que algo va a salir mal, abre las puertas a la duda, a la desconfianza en las propias posibilidades y recursos, lo que anticipa el desánimo creando en nuestro interior imágenes de fracaso, aumentando así las posibilidades de que se produzca aquello que tememos.Una buena manera de desterrar la preocupación es imaginar el éxito en lugar de abrigar expectativas, por mínimas que sean, de fracaso. Cuando pensemos en algo que va a suceder, imaginémoslo como un triunfo, veámonos consiguiendo siempre nuestros objetivos, transformando siempre los pensamientos negativos en positivos.Así nos desharemos del lastre de la preocupación. Es importante confiar en que las cosas van a ir bien, que van a mejorar, anticipando siempre el futuro desde un punto de vista positivo, lo que además de no generar ansiedad contribuye a que así sea, pues nos predispone a ello.Una cosa es preocuparse por lo que pueda suceder y otra distinta es planificar el futuro. En la planificación no hay preocupación, por lo que no existe ansiedad añadida. Planificar es hacer las previsiones necesarias para que la balanza de lo que nos depara el futuro revierta de nuestro lado, sin anticipaciones pesimistas ni miedos sobre lo que va a suceder.Si la preocupación hipoteca nuestro presente al vincularnos emocionalmente con lo que pueda suceder en el futuro, la culpa, otra nefasta emoción, nos ata al pasado.-El sentimiento de culpa por algo que ha sucedido en el pasado actúa como un peso muerto en el presente dejándonos sin capacidad de respuesta, alterando negativamente nuestro estado emocional y sumiéndonos en la tristeza o en el arrepentimiento a causa de un suceso pasado que ya no podemos cambiar. La culpa, como la preocupación, es una pérdida de tiempo.-La culpa es solo un sentimiento, no tiene existencia real, solo vive en nuestra mente, somos nosotros quienes la alimentamos atormentándonos por lo que debíamos haber hecho y no hicimos. N o podemos cambiar el pasado, pero sí podemos aprender de nuestros errores para mejorar el futuro.Sentimos culpa porque analizamos las cosas cuando ya se han producido y carecemos de la posibilidad de modificarlas. Los análisis a posteriori solo sirven para ver dónde estaba el error, pero para nada más. Lo que tenemos que hacer en circunstancias futuras, en situaciones similares, es actuar con cuidado, manejar con pulcritud todos los datos en nuestro poder, valorar todas las posibilidades, los pros y los contras, valiéndonos de la experiencia anterior; así la opción por la que nos decantemos será la mejor de las opciones que podamos llevar a la práctica. Pero esto no significa que no podamos equivocarnos, puesto que siempre puede aparecer algo con lo que no habíamos contado, que interfiera con el resultado esperado; pero de eso solemos damos cuenta demasiado tarde, cuando ya no tenemos posibilidad de rectificar. Por eso los análisis a posteriori hay que ‘realizarlos con cuidado, puesto que en ellos aparecen datos que no estaban al principio.Culparse por haber actuado de la mejor manera que se ha sabido y podido, en función de los datos disponibles en un momento dado, es una tremenda agresión hacia uno mismo. No es posible saber lo que va a ocurrir hasta que ocurre, y los datos que entonces aparecen no existían con anterioridad, no estaban a nuestra disposición en el momento de realizar la elección conductual. Por eso es absurdo sentir culpa por lo sucedido, pues desconocíamos que fuera a ocurrir, y si lo hubiéramos conocido nos habríamos decidido por actuar de otra manera.Preocupación y culpa son emociones que mueven pensamientos destructivos, llenando la mente con imágenes negativas que generarán desánimo, tristeza o ansiedad. N o alteran el futuro ni cambian el pasado, únicamente nos hacen sentir mal.Además están circunscritas a situaciones sobre las que no tenemos ningún control.Centrémonos en el presente, puesto que el pasado ya no se puede cambiar y el futuro dependerá en buena medida de lo que hagamos en el día a día. Acostumbrémonos a vivir el momento presente sin sufrir por nuestras conductas del pasado ni obsesionamos por el futuro.La preocupación y la culpa son absurdas.-Regresa sus gatita golosa.