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“Ser Psicólogo – Una ética del ser”
En primer lugar, el hecho de “ser” nos está envolviendo en una espiral existencial en donde y dada la cualidad de la relación en que esto nos implica, no sólo estamos haciéndonos cargo –responsable o irresponsablemente-, de un rol y/o de un poder-saber otorgado e instituido por un “socius” que atraviesa un determinado momento histórico, económico, político, cultural, etc., etc., sino que y por sobre todo esto, trascendiéndolo, tanto en lo cuantitativo como en lo cualitativo, está implicado en este monosilábico término, el hecho mismo de nuestra esencia y de nuestra existencia.
Por ello, que en un plano meramente existencial, podemos estar adoptando y asimilando (o no), un rol y un “conocimiento” socialmente creado con respecto a lo que es “Ser Psicólogo”.
Por otra parte, y desde un plano esencial, debemos tener en cuenta que “Psicología” se refiere etimológicamente al “conocimiento del alma” y que entonces, “Ser Psicólogo” estaría haciendo referencia a lo que dijo un sabio filósofo griego: “Conócete a ti mismo y conocerás al Universo y a los Dioses”. ¡¿Qué quiso decir con esto?! Como diría Fritz Perls, si te digo lo que significa te privaría de la oportunidad de descubrirlo por ti mismo.



Creemos que la ética y la buena praxis se irán desarrollando cada vez más en la medida que estos criterios que se plantean en el código de ética por ejemplo sean normativizados, uniformizados, reglamentados y lo que tiene que ver con una mayor eficacia legislativa en cuanto al ejercicio profesional del psicólogo que garantice realmente que quienes ejerzan esta práctica profesional sea realmente valorizada entre SER PSICOLOGO Y EL SER QUE CONFIA SU ESTADO EMOCIONAL sin aprovechamiento personal.