Rincon d gatita golosa hablando”Digno ejemplo de trabajo”¡¡¡¡¡
Posted on : 09-03-2009 | By : gatita | In : Rincón de la gatita golosa
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Este caso es un ejemplo a seguir, especialmente para muchos jovenes que piensan emigrar al extranjero a la deriva, sin imaginar que les puede deparar. Pero en nuestro pais tambien hay oportnidades, todo depende de la vision, disciplina y perseverancia que tengan.Tiene 27, se mantiene sola desde los 14. Su sueño era –es- ir a Canadá. Creó una empresa solo para que le diesen la visa. No le ligó. Su negocio comenzó a crecer. Ya ganó su primer millón“Ella no le vende carbón al diablo porque él es el dueño de la fábrica”, dice Armando Carlini y suelta una risotada. El 2006, junto a su madre, entró a la tienda de ella. Quería mallas para su garaje. No salió más. Le echó las redes a la mujer de las mallas, a Ana María Salhuana, que abrió su negocio solo porque quería hacerse de una visa. Todo en Mallas, así se llama la empresa con la que ella y Armando han comenzado a cubrir el Perú.Todo empezó porque se quería ir a Canadá…
Yo estudié en el Maryknoll, un colegio de curas canadienses, y toda la vida estuvo en mi cabeza el irme a Canadá. Yo trabajaba aquí. No tenía muchas posibilidades. Tuve un enamorado que se fue a Canadá y yo dije: “Me voy detrás de él”. Pero el amor se terminó. De pronto, colgué unas fotos mías en Internet y me escribieron 1.500 hombres. Escogí a dos. A uno lo boté a los dos días y, el otro, fue mi novio: un chico que nació en Canadá pero que vivió en México, y hablaba español. Vino a conocerme. Me quise ir con él pero no me dieron la visa. Entonces él me dio la opción: “Pon una tienda como la que tiene tu familia, seguro que así sí te dan la visa”.Eso fue el 2005. Creó la empresa para demostrarle solvencia económica a la embajada de Canadá, pero nuevamente le negaron la visa. Ya tenía la tienda, ¿qué hizo?
Al inicio no le ponía mucha fuerza, pero igual vendía, porque yo te vendo lo que sea (ríe). Yo estaba totalmente decepcionada. Quería irme a Canadá.Antes había sido visitadora médica.
Claro, y dejé mi trabajo para dedicarme a la tienda, porque se suponía que con eso ya iba a irme, pero como no me dieron la visa decidí terminar mi relación a distancia. Estaba pensando en postular a un laboratorio (médico) grande…Usted está en ventas desde los 14.
Sí, empecé vendiendo bicicletas en la Av. Arenales. Luego salí de colegio y fui anfitriona por un tiempo, hasta que asumí otro cargo: ya como supervisora.Y si se metió en el rubro de las mallas fue simplemente porque era en el que ya trabajaba su familia.
Exactamente. Yo no sabía nada. Es más, hay un tipo de mallas que son tejidas, y si tú las quieres desarmar, las destejes. Pero yo, como no sabía, la primera vez las corté. Nadie me explicó. Es que también, esto (su empresa) era una ‘pantalla’.Si esto había nacido como una treta y no había logrado su cometido, ¿por qué seguía adelante?
Porque empecé a vender. La gente venía y pedía. Estaba en un mercado en el que todo era pinturas, artículos para electricidad… Yo era la única que tenía mallas. Con una amiga nos habíamos paseado por todo Marsano (la avenida, en Surquillo) repartiendo volantes. Entonces, cuando la gente quería mallas, aparecía en mi tienda. ¡Y yo vendía!
Las cosas iban bien, pero se potenciaron cuando entró a su tienda Armando Carlini.
Las cosas estaban ahí, caminando, pero no era lo mío. Yo decía: “¡Qué hago entre fierros!”. Todos los días me cortaba los dedos, yo misma tenía que cargar mis rollos (de mallas)…Pero si su familia estaba en el mismo negocio, ¿por qué no les preguntaba?
Porque no me gusta pedir favores. Yo soy de las personas a las que les gusta hacer las cosas sola.Sin embargo, con Armando hicieron ‘click’ y así se unieron una vendedora nata y un tipo con contactos.
Un día él llegó a la tienda con su mamá, buscando unas mallas para su casa. Nos conocimos, me empezó a bromear y empezamos a salir. Él sabía que ya yo pensaba dejar el negocio, y me dijo que conocía a gente metida en la agroindustria, que necesitaba mallas… Yo hasta entonces no había vendido tantas mallas metálicas, quizás dos o tres camionadas. Armando me dijo: “Conozco gente, ¿por qué no buscamos las matrices para no estar dependiendo de terceros?”.Se convirtió en su socio y…
En mi esposo. Yo no hacía instalaciones, él me dijo para hacerlas. Las que había hecho fue con gente de mi familia, pero no gané lo que debía ganar. Armando consiguió a los técnicos. Ahora yo contrato a profesionales.¿Cuánto facturó el año pasado?
Más de un millón de soles.Si arrancó el 2005, ¿por qué su página web dice que Todo en Mallas nació el 95?
Por estrategia de márketing. Tengo un diseñador (de páginas web) que es quien me dice: “Pon esto aquí, por esto allá, compra cuarenta dominios, redirecciónalos a Todo en Mallas para que cuando la gente pida mallas, aparezca tu página”. Y me dijo que si ponía que era una empresa joven, la gente no iba a confiar en mí. ¿Y usted qué cree de eso?
Yo no creo que sea así -porque soy joven-, pero la gente que está en ventas no es de mi edad. Ese es el problema.En la guerra y en el amor…
¡Todo vale! En la guerra, en el amor y en el dinero ¡todo vale! (ríe)…Si se metió en esto por su familia, ¿por qué ellos no han crecido como usted?
Porque ellos no tienen mallas protectoras. Yo soy la única empresa formal en el mercado que tiene mallas protectoras. Ellos solo venden mallas raschel y metálicas, productos que solo salen en ciertas estaciones. ¿Qué dicen hoy sus amigos del Maryknoll que la veían vendiendo bicicletas en la Av. Arenales?
Tú le preguntas a cualquier amigo mío y te va a decir: “Como Ana María, no hay. Ella se quedó sola y empezó vendiendo bicicletas. Todo el tiempo ha sido trabajo”. Porque yo no me divertía.¿A qué se refiere con que se quedó sola?
A que empecé a trabajar cuando mi familia se desintegró.¿Sus padres se separaron?
Yo vivía con mi mamá y nos tuvimos que mudar de casa. Pero no me puede ir con ella porque yo trabajaba como anfitriona y no me iban a poder recoger de donde ella se había mudado. Entonces me fui a vivir sola, a una pensión. Y empecé a salir adelante, sola. Y he vivido sola casi diez años, hasta el año pasado en que me casé.¿Y qué fue del canadiense?
¡Se quedó en Canadá! (ríe)… Te cuento: él quería que me case y que me vaya con él, a probar qué tal me iba, pero no. Él tiene una constructora, pero, ¿y yo? ¿De qué iba a vivir? ¿De él? Yo estoy acostumbrada a mantenerme desde los 14 años. Era absurdo. Entonces dije: “La vida no me está dando estas señales por gusto”. Por gusto no me estaban negando la visa. Además, ¿irme casada para que de repente me vaya mal? No. Yo quería ir y probar, ver si encontraba algo que realmente me convenciera: un trabajo que me hiciera feliz. Entonces dije no, decidí volver a ser visitadora médica, y ahí apareció Carlini (Armando). Me enganché con Carlini. Me tiró las redes (ríe)… El chico canadiense se quedó allá. Después que me negaron la visa me ofreció venir, casarnos, pero yo le dije que no. “Lo siento”. Y ahí quedó… Pero sí me gustaría ir a Canadá, es mi sueño desde el colegio.O sea que, sin querer queriendo, terminó envuelta en el mundo de las mallas.
Así es. Totalmente.FICHA
Nombre: Ana María Salhuana Vivar.
Colegio: Santa Rosa de Lima (también conocido como Maryknoll).
Estudios: Marketera del Instituto Peruano de Marketing.
Edad: 27 años.
Cargo: Propietaria y gerente general de Todo en Mallas.Todo en Mallas
Confecciona, importa y comercializa mallas de todo tipo. Nació el 95 como puesto en un mercado ferretero con una inversión de US$600. Crece y crece
Tras haber facturado S/.5.000 el primer año, el 2008 superó el millón de soles. Hoy tiene por clientes a mineras, constructoras, supermercados…

