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Papin Rss

Unas líneas para mi hijo Evair.

Posted on : 04-03-2009 | By : Omar | In : De todo un poco

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Xavier Ayrton Evair Peixoto Panduro.

Xavier Ayrton Evair Peixoto Panduro.

Hoy miércoles 4 de marzo del 2009 siento un sabor diferente de la vida, mi hijo Evair me llama a las 5:30am para ver los resultados que publicaran en la parte externa de la Academia San Ignacio donde él, en uso de sus vacaciones, se preparó para presentarse al examen de admisión de la UNAP (Universidad Nacional de la Amazonía Peruana) a la carrera profesional de Ingenieria Química…escucho Radio Loreto con Raúl Célis al mando de Loreto en la Noticia y dice que tiene la lista de ingresantes, son las 5:58am y llamo y me dicen que Peixoto Panduro Xavier Ayrton Evair ¡INGRESÓ!, me emociono y Raúl me felicita y yo felicito al gestor de esta alegría, mi hijo Evair.

Evair es un tipo especial:temperamental, provocador, estudioso, independiente y muy ambicioso, con una visión de mundo muy interesante, a pesar de sus catorce años cumplidos el 15 de setiembre del año pasado.

¡Gracias hijo por darme esta alegría sin igual!

Javier Omar Francisco Peixoto Valdez.

Respetate a ti mismo y a los demás.

Posted on : 04-03-2009 | By : Omar | In : General

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Tener un gran respeto por uno mismo conlleva tener un gran respeto hacia los demás. Reconocemos nuestros recíprocos derechos.
Tu derecho a tener tu propio punto de vista, tu derecho a cambiar de opinión sin tener que dar explicaciones, tu derecho a crear un mundo propio en el que poder vivir. Respeto hacia los demás supone tener respeto por sus decisiones y por sus sentimientos. Respetar las decisiones de los demás o sus sentimientos no significa que estemos de acuerdo ni que los compartamos, significa que aceptamos que la otra persona tiene derecho a tener sus propios sentimientos y a tomar sus propias decisiones, sean o no adecuadas para mí y sean o no iguales que los míos.
Significa que permitimos que los demás pongan nombre a sus sentimientos, aunque no los entendamos, aunque nosotros les llamemos de otra manera.
Respeto hacia los demás significa respetar sus diferencias, aceptar que somos personas diferentes, con experiencias, culturas, ideologías y punto de vista distintos. Significa respetar sus sueños y sus necesidades y no tomar decisiones que les afecten sin contar con su participación.
Respeto hacia los demás implica separar su conducta de su identidad. La conducta de una persona no es su identidad. Es aceptar los límites que nos impone y no invadir su espacio privado sin su consentimiento. Es no ser arbitrario con él, sino consecuente. Es darle valoración, transmitirle nuestra admiración, darle recompensas. Es darle poder.
El respeto hacia los demás incluye el derecho a tener opiniones y valoraciones diferentes, el respeto hacia la pluralidad. Vive y deja vivir. No tenemos derecho a juzgar a los demás, entre otras razones, porque no disponemos de toda la información. No somos policías, ni jueces, ni dios.
Pero el respeto hacia los demás va más allá. Supone también que vamos a ayudar a los demás a desarrollar todas sus capacidades. Yo pongo a tu disposición mis capacidades para que tú puedas desarrollar las tuyas. Pídeme lo que necesites y que yo pueda darte. Es aceptar el derecho del otro a pedir.
Mi amigo Pablo es un famoso escultor. Sus esculturas son muy apreciadas y valoradas, sobre todo las de gran tamaño, que adornan espacios públicos, como plazas y autopistas de todo el mundo. Pablo se ha forjado a sí mismo y ha conseguido su posición gracias al esfuerzo y la constancia. Hace unas semanas íbamos paseando por la calle cuando nos encontramos con un músico callejero. Tocaba muy mal unas piezas de Mozart con su violín. Generalmente yo paso de largo, pero Pablo quiso pararse a escuchar. El músico luchaba con las cuerdas por sacar algún sonido reconocible y afinado. Pablo me hizo aguantar diez minutos de insufrible tormento musical. Cuando acabó el “concierto”, ante mi sorpresa, Pablo se acercó al músico, le dio un billete de 50 Euros y le dijo: “Muchísimas gracias por su amabilidad, me ha hecho feliz durante estos minutos” Pero, Pablo, —le dije al alejarnos— ha sido horrible. En todo caso es él quien debería darte las gracias a ti.
Te equivocas, Ricardo, —me dijo— Es verdad que ha sido horrible, que no se puede hacer peor, pero soy yo quien tiene que estar agradecido por poder ayudar a este hombre.
Mi agradecimiento no es por su música, sino por la posibilidad que me ha dado de ayudarle. Él mantiene su dignidad, ofreciendo su música, y yo le ayudo a comer hoy sin mancillar su dignidad. Es una cuestión de respeto. El se respeta a si mismo no pidiendo caridad, sino ofreciendo algo a cambio de unas monedas y yo le agradezco que me permita ayudarle sin lesionar su dignidad. 50 Euros es un precio muy bajo por lo que acabo de ganar gracias a este hombre.
Aprendí una buena lección. Desde entonces doy siempre las gracias, tanto por recibir como por dar.
El respeto hacia la comunidad se llama Lealtad al grupo. Es el equilibrio entre el respeto a uno mismo y el respeto hacia los demás. No puede haber respeto hacia la comunidad si no nos respetamos a nosotros mismos o no respetamos a los demás. La lealtad al grupo incluye el respeto hacia el mundo, hacia otros seres humanos, hacia los demás seres vivos, hacia el ecosistema. Es saber que todos formamos parte del mismo barco y que si se hunde uno, nos hundimos todos.
Imagina un barco con diez pasajeros. Si cada pasajero decide respetarse a sí mismo, cada pasajero ya tiene el respeto, por lo menos, de una persona, ella misma. Si cada pasajero decide respetar a los demás, cada pasajero tiene el respeto de diez personas, el de ella misma mas la de los otros nueve pasajeros. Si cada pasajero decide respetar a la comunidad, la comunidad le proporcionará seguridad, progreso, cooperación y sentimiento de pertenencia a un sistema común.
Pertenecer a un grupo no es gratis, supone tener tareas y obligaciones. Es grande el beneficio que recibimos, pero es en proporción a lo que estemos dispuestos a dar. Si pretendes recibir más de lo que das, el sistema se resiente y deja de darte. Si das más de lo que quieres recibir, el sistema te dará más de lo que esperabas.
La lealtad al grupo implica solidaridad entre sus miembros. Solidaridad no es sólo un aspecto económico. Solidaridad es compartir, comprender, apoyar en todos los órdenes de la vida. Una misma persona puede pertenecer a varios grupos: Los grupos primarios naturales (familia, amigos), con los que existe un intercambio de sentimientos.
Los grupos primarios artificiales (un viaje, un curso al que asistimos), a los que se pertenece de forma temporal y con un origen exterior a la voluntad de los miembros. Los grupos primarios duraderos (un club, un equipo, una empresa). Cada uno de estos grupos tiene sus propias normas, sus propios valores y sus estrategias para conseguir sus objetivos.

http://es.geocities.com/pyemabraham/El_respeto.html

Practiquemos la tolerancia.

Posted on : 04-03-2009 | By : Omar | In : General

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La tolerancia.

Podríamos definir la tolerancia como la aceptación de la diversidad de opinión, social, étnica, cultural y religiosa. Es la capacidad de saber escuchar y aceptar a los demás, valorando las distintas formas de entender y posicionarse en la vida, siempre que no atenten contra los derechos fundamentales de la persona…

La tolerancia si es entendida como respeto y consideración hacia la diferencia, como una disposición a admitir en los demás una manera de ser y de obrar distinta a la propia, o como una actitud de aceptación del legítimo pluralismo, es a todas luces una virtud de enorme importancia.

El mundo sueña con la tolerancia desde que es mundo, quizá porque se trata de una conquista que brilla a la vez por su presencia y por su ausencia. Se ha dicho que la tolerancia es fácil de aplaudir, difícil de practicar, y muy difícil de explicar.

Hay una tolerancia propia del que exige sus derechos: La oposición de Gandhi al gobierno británico de la India no es visceral sino tolerante, fruto de una necesaria prudencia. En sus discursos repetirá incansablemente que, “dado que el mal sólo se mantiene por la violencia, es necesario abstenerse de toda violencia”. Y que, “si respondemos con violencia, nuestros futuros líderes se habrán formado en una escuela de terrorismo”. ¿Les suena esto en la actualidad mundial?. Además, “si respondemos ojo por ojo, lo único que conseguiremos será un país de ciegos”.

¿Cuándo se debe tolerar algo? La respuesta genérica es: siempre que, de no hacerlo, se estime que ha de ser peor el remedio que la enfermedad. Se debe permitir un mal cuando se piense que impedirlo provocará un mal mayor o impedirá un bien superior. Ahí entra en juego nuestro discernimiento. Defender una doctrina, una costumbre, un dogma, implica casi siempre no tolerar su incumplimiento. Con este concepto entendemos claramente que la verdad siempre surge desde la individualidad y que las verdades generalistas solo nos llevan a un camino de confusión.

De todas formas, hay dos evidencias claras: que hay que ejercer la tolerancia, y que no todo puede tolerarse. Compaginar ambas evidencias es un arduo problema.

Todos los análisis realizados por filósofos y estudiosos de la materia al respecto a la tolerancia aprecian la dificultad de precisar su núcleo esencial: los límites entre lo tolerable y lo intolerable. De nuevo, y como en casi todos nuestros acontecimientos diarios, debemos beber en la fuente de la sencillez, ella será la encargada de otorgarnos el discernimiento que nos de la inspiración para el obrar.

Hemos empezado hablando de la tolerancia como parte del “respeto a la diversidad”. Se trata de una actitud de consideración hacia la diferencia, de una disposición a admitir en los demás una manera de ser y de obrar distinta de la propia, de la aceptación del pluralismo. Ya no es permitir un mal sino aceptar puntos de vista diferentes y legítimos, ceder en un conflicto de intereses justos. Y como los conflictos y las violencias son la actualidad diaria, la tolerancia es un valor que es muy necesario y urgentemente hay que promover.

Ese respeto a la diferencia tiene un matiz pasivo y otro activo. La tolerancia pasiva equivaldría al “vive y deja vivir”, y también a cierta indiferencia. En cambio, la tolerancia activa viene a significar solidaridad, una actitud positiva que se llamó desde antiguo benevolencia. Los hombres, dijo Séneca, deben estimarse como hermanos y conciudadanos, porque “el hombre es cosa sagrada para el hombre”. Su propia naturaleza pide el respeto mutuo, porque “ella nos ha constituido parientes al engendrarnos de los mismos elementos y para un mismo fin”. Séneca no se conforma con la indiferencia: “¿No derramar sangre humana? ¡Bien poco es no hacer daño a quien debemos favorecer!”. Por naturaleza, “las manos han de estar dispuestas a ayudar”, pues sólo nos es posible vivir en sociedad: algo “muy semejante al abovedado, que, debiendo desplomarse si unas piedras no sostuvieran a otras, se aguantan por este apoyo mutuo”. La benevolencia nos enseña a no ser altaneros y ásperos, nos enseña que un hombre no debe servirse abusivamente de otro hombre, y nos invita a ser afables y serviciales en palabras, hechos y sentimientos.

La tolerancia es un regalo desde los primeros años de la vida.