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La gran revolución en las comunicaciones, especialmente con el surgimiento de Internet y los teléfonos celulares, modificó de manera sustancial la cultura.
El siguiente texto que se difunde es parte de una serie publicada en “The Economist” y recopilada en la publicación Aportes Nº 8, “La Tecno Ciudadanía. Fortalezas y debilidades de un cambio de paradigma”, del Instituto Nacional de Tecnología Industrial. La publicación Aportes Nº 8 puede leerse en www.inti.gob.ar/pdf/aportes8.pdf
En el modo de pensar dominante de la cultura nómada el lenguaje ya no tiene importancia. Estamos ingresando a la era del vale todo lingüístico.
El lenguaje evoluciona y el pensamiento va a la par Sherry Turkle, psicóloga del Massachusetts Institute of Technology (MIT) que estudia el nexo entre la gente y los aparatos, cree que las herramientas de la movilidad apuntan al surgimiento de un nuevo tipo de persona. En el ya lejano pasado dominado por las conexiones fijas, las personas pensaban “Siento algo, por lo tanto, voy a hacer un llamado”. Hoy los jóvenes, entre ellos la hija adolescente de Turkle, piensan diferente: “Quiero sentir algo, así que haré un llamado”.
La especialista interpreta que hay algo inorgánico, poco original y carente de autenticidad dentro del conjunto de comunicaciones móviles y que, como especie, estamos corriendo el riesgo de permitir que los sistemas sociales inalámbricos que nos rodean roben parte de nuestra naturaleza.
En realidad, las herramientas siempre jugaron un rol importante en la definición de la naturaleza humana. El Homo habilis (hombre hábil) es el primer representante de nuestro género que sobrevivió hasta hace 1.600 millones de años y que usaba herramientas primitivas hechas de piedra y hueso. El Homo erectus (hombre erguido) debe el nombre a su estatura, pero su innovación histórica consistió en dominar el fuego para beneficio propio. Independientemente de que el Homo sapiens (hombre inteligente) haga honor al nombre, ha conseguido hasta hoy sorprendentes avances tanto en hardware (por ejemplo con la rueda) como en software (con el lenguaje).
Es poco serio que, protegidos en sus torres de marfil, los investigadores discutan ahora la llegada del Homo mobilis. Nuevamente, parece que el mayor cambio corresponde al lenguaje y, por sus connotaciones, al pensamiento y al sentimiento. A cualquiera que haya estado en contacto con jóvenes en algún rincón del mundo, le queda claro que está en marcha un monumental cambio lingüístico. Subculturas completas se identifican hoy, primaria o exclusivamente, a través del argot elegido para mensajes instantáneos o de texto.
Naomi Baron, profesora de lingüística de la American University de Washington, DC, y autora de “Siempre conectados: El lenguaje en un mundo en línea y móvil”, observa que la actitud de la sociedad con respecto al lenguaje ha cambiado. Durante 250 años, las sociedades occidentales pensaron que la gramática, la sintaxis y la ortografía eran importantes y, por lo tanto, había que prestar atención a las reglas. Hoy, ese consenso está en riesgo.
En términos lingüísticos, es evidente que vale todo en el universo de los medios electrónicos, especialmente cuando se escribe en las pantallitas de los dispositivos móviles. Los apóstrofos que antes servían para diferenciar significados entre “its” e “it’s” resultan extraños y arbitrarios. Para formar palabras y oraciones completas los adolescentes disponen hoy de las facilidades del llenado automático y del control ortográfico.
En Estados Unidos, la respuesta académica y políticamente correcta es dar la bienvenida con los brazos abiertos a esta tendencia. Después de todo, el lenguaje sólo está retornando a un natural y saludable estado de cambio. Cuando Geoffrey Chaucer escribía en el siglo XIV no había reglas ortográficas, pero se las ingenió para componer obras interesantes. Si seguimos esa línea, el mundo digital y móvil de la actualidad está repleto de exponentes Chaucer.


