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HÁBITOS, ACTITUDES, COSTUMBRES, CARÁCTER, TEMPERAMENTO Y VOLUNTAD.
Definiciones.
HÁBITOS
(lat. habitus): Forma de tendencia apetitiva no nativa, que se adquiere por la repetición de los actos y que nos dispone a realizarlos con mayor facilidad, rapidez, perfección y con menor consciencia. Se ha llamado al hábito “segunda naturaleza” (vid. COSTUMBRE).
COSTUMBRES
Puede tomarse como sinónimo de hábito (vid.). En otro sentido más preciso se aplica preferentemente a los hábitos colectivos: costumbres de un pueblo, de una civilización, de la Iglesia, etcétera. La antigua pedagogía velaba, ante todo, por la conservación de las (sanas) costumbres, y el orden político se asentaba en el respeto a las costumbres, que se juzgaban como la virtud (hábito del bien) para la recta conducta del hombre.
ACTITUDES
Talante o modo subjetivo de enfrentarse a algo (o a la vida en general).
CARÁCTER
El concepto de carácter que debemos entender como el temperamento modificado por la inteligencia y por la voluntad. Inteligencia+voluntad =carácter
Desarrollo del carácter
Algunos autores (Le Senne, Schopenhauer y Voltaire, entre otros) han sostenido que el carácter no varía, ya que para ellos el carácter sería como un conjunto de disposiciones congénitas que determinan una «mentalidad» o «actitud» (hay aquí, según lo dicho, una confusión con temperamento). Así el carácter no sería más que lo que el individuo posee como resultante de las herencias recibidas; quedaría excluido, por tanto, lo que en el individuo proviene de su historia personal; de ahí que dichos autores considerasen el carácter como algo sólido y permanente, afirmación implícita en ciertas expresiones del lenguaje cotidiano, como cuando al ver de nuevo a un amigo, después de muchos años, exclamamos ante alguna de sus reacciones: «Es siempre el mismo».
Pero la experiencia de cada día, en los demás y en nosotros mismos, prueba bien que los caracteres se modifican, y si bien es cierto que algunos elementos del carácter son invariables a lo largo de la vida de los individuos, también lo es que otros son factibles de variación. Tales, por ejemplo, los hábitos adquiridos que pueden cambiar con las situaciones personales de manera incidental, o por la dificultad con que tropiezan en su permanencia, cuando no responden a un proyecto conscientemente elaborado. Las condiciones que presiden el desarrollo individual contribuyen desde la infancia a formar el carácter. Ante situaciones idénticas o parecidas, los sujetos pueden ser impresionados y reaccionar de maneras muy distintas a causa de las diferentes disposiciones innatas, de las actitudes adquiridas por influjo de experiencias similares, y de las decisiones personal o conscientemente tomadas que harán de cada uno de los hábitos una virtud o un vicio. En personas cuya predisposición innata a la anormalidad del carácter no es muy fuerte, el influjo del ambiente en la niñez y adolescencia no tiene por qué ser decisivo para que se actualicen o no manifestaciones negativas del mismo.
Por otro lado, a las disposiciones psicológicas hereditarias e innatas se les ha de reconocer gran plasticidad, ya que fácilmente pueden modificarse en determinadas circunstancias, tales como transformaciones orgánicas producidas por la edad, enfermedades crónicas o accidentales, cualquier cambio en el régimen de vida, etc.; teniendo en cuenta además que «el cociente de plasticidad» del carácter varía con la edad. Y además teniendo en cuenta que en el desarrollo y fijación del carácter propiamente dicho intervienen, moldeando y dando forma definitiva a los factores expuestos, la inteligencia y la voluntad, como instancias superiores.
TEMPERAMENTO
El temperamento es la forma espontánea en que cada individuo reacciona frente a los estímulos del medio donde se desenvuelve conforme a su constitución. Por ejem. Alguien que segrega escasa adrenalina actúa en principio con tristeza y depresión de ánimo ante dificultades.
El llamado temperamento viene a representar la resultante de la incidencia de la constitución somática o corporal en lo anímico espiritual, es decir, la parte instintivo-afectiva de la personalidad; mientras que el carácter corresponde a la parte más estrictamente espiritual, es decir, la intelectivo-volitiva, que puede variar de un individuo a otro según cómo se desarrolle en el uso que haga de su entendimiento y de su voluntad libre y responsable.
De ahí que la idea de carácter haga referencia, normalmente, a la individualidad personal, a eso que hace que alguien sea distinto a los demás. Toda persona tiene, en efecto, caracteres o señales propias, «diferencias individuales» que se presentan ante la intuición concreta y el conocimiento por simpatía o connaturalidad.
Está determinado por la constitución fisiológica, originado en la influencia de los padres y del lugar geográfico del nacimiento y ambiente





