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Rincon d gatita golosa ayudando a inspirarte…¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

Posted on : 28-11-2008 | By : gatita | In : Rincón de la gatita golosa

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Tantas cosas tengo que contarles amigos, que:

Se me ocurrió que un escritor generalmente escribe dos “tipos” de obras: Por un lado las que le suponen un desafío, mayor o menor. Las que le hacen crecer como escritor. Las que le aportan algo, a él, como artista. Esas obras son generalmente las que uno mismo valora más. “Esta es mi mejor obra” dice el escritor, tras hacerla. Tal obra es la que más valor tiene, en efecto, desde los criterios literarios y las limitaciones del propio escritor. Si decimos: “Un hombre escaló el Everest, ¡menudo logro!” Alguien nos contestará: “Cientos de hombres lo escalan cada año, no tiene mucho mérito.” Pero si, en cambio, afirmamos: “Uno hombre cojo y ciego escaló el Everest”, entonces, amigo, habrás de reconocer el gran mérito que tiene.

 Con los escritores pasa algo parecido. Cuando se escribe algo en lo que uno se deja más cantidad de energía psíquica, quedando agotado, la satisfacción es el doble que cuando se escriben otras cosas. Y el escritor presentará su obra al público y este le dirá: “Tienes otras mejores.” Y claro que, desde el punto de vista meramente artístico o literario, puede tener otras mejores. Pero el propio escritor dirá: “Es que, resulta que, para mí escribir eso es como subir el Everest siendo una cabra. No hay nada más fácil. Pero esto otro sí que tiene mérito, porque siendo cojo y ciego en este terreno literario, he subido el Everest. Me ha costado más, pero lo he subido.” Y por eso tendrá el escritor toda la razón del mundo al afirmar que lo que desde fuera no es más que una de sus obras más insulsas, desde dentro no lo es, ni podrá serlo nunca. Al revés, se trata de una de las obras que le conformaron como escritor, como narrador, como poeta. Y, al cabo del tiempo, este tipo de obras, las de autosuperación, aunque en su mayor parte no tendrán ningún valor, o lo tendrán escaso para el lector, su valía es mayor de la que se pueda comprender en tanto que es precisamente gracias a ellas que ha sido posible escribir las otras, las valiosas, las importantes, las que darán renombre al escritor, las artísticas, las que aportarán algo a la sociedad o a los lectores.

 
Y he aquí el otro “género” de obras que escribe el escritor. Habiendo excepciones, las obras que más aplausos consiguen, las que, objetivamente, están mejor acabadas, son, curiosamente, aquellas que salieron por sí mismas, como si no hubiera hecho falta escribirlas, ni pensarlas, como si hubieran estado ahí, y de la noche a la mañana decidieran surgir, utilizando al escritor como medio de transporte hacia el papel. Es generalmente a estas últimas a las que llamamos “inspiración”. “Es que estaba inspirado”, decimos. “Fue ponerme y ya estaba escrita”. Son precisamente esas las que hacen que algunas veces te pregunten: “¿Y cómo se te ocurrió?” Pues, mira, no lo sé. Sólo sé que si no hubiera escrito las otras obras, las difíciles, las mediocres, las de autosuperación, no habría llegado a esta.

 
Pero, en ocasiones, coincide que las obras difíciles salen tan bien como las fáciles. También se dice de ellas que “están inspiradas”. Pero resulta evidente que se trata de una inspiración muy distinta a la primera. Y es aquí dónde quería llegar.

Existen dos tipos de inspiración. Dos formas de encarar el papel (virtual o analógico) sabiendo que de ahí tiene que salir algo bueno. Y tras mucho navegar por los ceros y los unos he visto que con frecuencia los escritores reniegan de una de estas dos formas de inspiración.

La primera de la que hablaba, al referirme a los relatos de autosuperación, es la que podríamos denominar como “psicológica”. Se trata de un impulso que nos lleva a sentarnos frente al ordenador y del cual extraemos argumentos complejos (o sencillos pero muy cuidados), lo que requiere que todo nuestro cociente intelectual se dirija en la misma dirección. Tenemos ideas geniales, elaboramos personajes… Y quedamos rendidos ante el esfuerzo de la psique. Pero al comenzar teníamos un nosequé, que nos obligaba a llenar el mundo de letras. Estábamos inspirados y creíamos que sería fácil escribir. No lo ha sido. Además hemos puesto mucho cuidado en no tratar los asuntos que habitualmente tratamos, o hemos evitado caer en las expresiones que nos son más propias. En ocasiones intentamos imitar el estilo de un escritor, con los argumentos característicos de otro… Todo eso son procesos que se realizan a través de los distintos estratos de la psique. En ocasiones son la forma de dar salida a cuestiones del inconsciente. Recuerdo que una obra que comencé a escribir por el final, hace años, durante la etapa a la que Freud asigna el Complejo de Edipo. Ese final se resumía en que el protagonista muere matando a su padre, pues este ha asesinado previamente a su amada. Casualidad o no, se trataba de inspiración psicológica y tiene gran parentesco con la teoría freudiana. Queda ya, creo, más o menos definida la primera inspiración (la psicológica).
La segunda inspiración es la que proviene del mero vivir y a la que, por tanto, podríamos clasificar como “vital”. En esta el argumento es plenamente consciente y tiene una intencionalidad clara. Se trata de coger hechos de la realidad, modificarlos más o menos, y dejarlos reflejados a modo de crítica, denostación o alabanza. A veces, ni siquiera pretendemos transmitir nada de lo anterior. A veces se trata, simplemente, de reflejar un trocito de nuestro mundo, a través de algo que nos ha parecido ilustrativo. Cuando escribimos así suele parecernos todo más fácil. Y, encima, los aplausos llegan por sí solos.

Pero a veces ocurre algo distinto, tanto la inspiración psicológica como la vital pueden cambiar en su dificultad, haciéndosenos más trabajoso lo vital y más sencillo lo psicológico. Esto puede deberse a muchas causas. La primera de todas es que estoy hablando de obras que, a priori, tendrían que tener la misma dificultad, o características similares, pero que en su construcción han sido llevadas por las dos distintas vertientes de la inspiración. Siendo así, lo común es que la psicológica cueste más. No se pueden comparar un relato de tres páginas con una novela de trescientas, por ejemplo.
La segunda es que, dentro de las psicológicas, las que más cuestan, siempre son las de autosuperación. Simplemente porque se trata de llegar a escribir algo, partiendo de que hasta hoy mismo no éramos capaces de hacerlo. Luego hay otras más fáciles de hacer que, aunque cuestan bastante, no son tan dificultosas como las de autosuperación. También existen grados de dificultad en las obras vitales. No es lo mismo reflejar algo tal cual, que transformarlo en un cuento de hadas. Lo uno requiere una precisión que en ocasiones cuesta mucho lograr. Lo otro, en cambio, puede poseer la dificultad de que aun siendo una obra de inspiración vital está llevada a través de la “escritura psicológica”, esto es, pasa por la psique varias veces (al menos dos) antes de salir al papel. Por tanto, podremos resumir esta segunda causa en que ninguna obra es igual y no se puede decir que absolutamente todas las obras de inspiración psicológica sean más difíciles que las de inspiración vital, ni que estas sean siempre más fáciles que las otras. Si lo comparásemos con las capacidades físicas de los hombres y las mujeres, el decir que las psicológicas cuestan más que las vitales es como afirmar que las mujeres tienen más agilidad que los hombres, se doblan y desdoblan con mayor facilidad; mientras que estos tienen más fuerza, corren más. Por lo general es cierto, pero ¿cuántos hombres corren más que Marion Jones y cuántas mujeres son más ágiles que Gervasio Deferr? Es más, ¿cuántas mujeres son capaces de besarse el culo, como hace este hombre .- Lo mismo pasa con los dos tipos de inspiración. El que los psicológicos tiendan a resultar más difíciles, no los hace más difíciles. Se trata de una tendencia. Sé por tanto que esto puede generar dudas acerca de cómo he comenzado el tema, hablando de la dificultad y haciendo a división a partir de ahí. Pero creo que es esa la forma más clara de hablar de los dos tipos de inspiraciones que hay. Haber comenzado por otro punto hubiera sido más difícil, tanto para mí como para el lector.

 
Falta una última cuestión, acerca de porqué una obra psicológica no es siempre tan ardua y una vital en ocasiones se complica. Ya la he apuntado antes. El hecho es que como seres vivos y pensantes que somos, nuestra vida está influida por nuestra psique y nuestra psique está influida por nuestra vida. No hay, por tanto, inspiración meramente vital, ni inspiración meramente psicológica. Sólo se trata de una acentuación. Sólo se trata de dónde ponemos la tilde, en lo psicológico, o en lo vital. Se le puede, y es común que se haga, destinar, por tanto, mucha energía psicológica a una obra que, en realidad, es de inspiración vital. Esto la hace más compleja en su escritura.
Y aquí concluyo.
He dejado sin comentar algunas ideas de las que parto y he escrito dándolas por sabidas. La cosa es que aunque lo que trato de explicar es sencillo en resumen, la argumentación no. Si, encima, tuviera que partir desde mucho más atrás, el artículo se alargaría muchísimo. No creo conveniente alargarlo más, por tanto lo concluyo aquí.

 

Amigos ya regreso trayendoles mas novedades, cualquier infromacion que deseen escribanme a gatitagolosa@papin.pe

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